Villalar


 

Revolución urbana


El campo también aprovechó las circunstancias para tratar de sacudirse en varios puntos el yugo señorial, pero la revolución nació, se desarrolló y murió en las ciudades, unas ciudades que conocen desde fines del siglo XV un crecimiento demográfico y una vida económica e intelectual incuestionables. Felipe Ruiz Martín las ha clasificado de la siguiente manera, según su actividad preponderante: Burgos (unos 9.000 habitantes), Medina del Campo (20.000 habitantes), Toledo (30.000 habitantes) se dedican principalmente al comercio; Segovia (15.000 habitantes)y Cuenca, a las manufacturas de paños y a la ganadería; Salamanca (13.000 habitantes) a la agricultura y a la actividad universitaria; Valladolid (38.000 habitantes), sede de la Chancillería, a las tareas burocráticas, jurídicas y administrativas, al artesanado de lujo también, como ha demostrado Bennassar en su libro sobre la villa.

Aquellas ciudades atraen el exceso de población rural. Del campo acuden a ellas labradores en busca de empleos y de una vida menos miserable. Pero los talleres, las casas señoriales o burguesas, los palacios y oficinas del Estado no siempre bastan a ocupar a los recién llegados; las Cortes celebradas en Valladolid, en 1518, en presencia de don Carlos que acababa de llegar a I Castilla, ya han dado un grito de alarma ante la marea de mendigos, I maleantes y pícaros que viven en los centros urbanos, atraídos por el lujo, la vida fácil, el dinero que corre...

Este es, pues, el trasfondo social de las Comunidades: un mundo urbano, caracterizado por grandes concentraciones humanas, por lo menos para la época, por estampas de un lujo soberbio, por tremendos desniveles clasistas entre ricos y pobres, con sus tentaciones e inquietudes. Este es el ambiente en que se mueven los personajes de La Celestina y de las novelas del ciclo celestinesco, tan de moda entonces, el ambiente del hampa que cobijan las grandes ciudades en aquella época de crecimiento demográfico y de concentración urbana. Este es también el telón de fondo en que aparecen las Comunidades, con sus esperanzas y sus proyectos que pronto quedarán frustrados, a raíz de la derrota de Villalar.

En el movimiento comunero cuajaron las ilusiones, las aspiraciones y las inquietudes de aquellas poblaciones urbanas y el afán por reforzar los lazos de solidaridad entre miembros de una misma nación y de una misma ciudad. Lo dice bien a las claras la misma palabra de comunidad que acabará dando su nombre a todo el episodio: se trata de fomentar la participación de todos los vecinos -castellanos y comuneros, en el sentido estricto de la palabra, es decir, hombres del común, del tercer estado- en la vida municipal por medio de juntas locales, de ayuntamientos públicos, de reuniones de barrios, en las cuales todos tienen el derecho de intervenir libremente y las decisiones deben conformarse con la voluntad general, sin que los privilegios de sangre o de fortuna tiendan a predominar.

Otros, por las mismas fechas hablan de la voz del pueblo, que es voz de Dios.

Estas comunidades locales así entendidas tienen, pues, tendencias marcadamente igualitarias y en ciertas ocasiones republicanas. ¿Se pensó entonces en transformar a Castilla en una federación de ciudades libres como las que existían en Italia? Hay indicios bastantes para creerlo. De todas formas, el proyecto comunero tendía a una amplia comunión social que uniría a todos los sectores de la población - caballeros, pueblo y clerecia-, acabando con las desigualdades anteriores y devolviendo a cada uno su dignidad personal: En esto principalmente se hace [se tratal de vuestra libertad y de [la de) vuestros hijos y descendientes, y como seais tratados como hombres y súbditos, y no como esclavos, escribe la Comunidad de Valladolid, en enero de 1521, a los vecinos de Becerril y Santa María del Campo, para animarlos a unirse al movimiento. Se comprende, en estas condiciones, la resistencia de los nobles y de todos los que no quieren renunciar a sus privilegios; éstos se excluyen a sí mismos de la comunidad, que los trata lógicamente como traidores y adversarios.

Castillo de Torrelobatón, Valladolid, La última conquista comunera. (foto santos Cid)


Entre las varias comunidades locales se establecen también lazos de hermandad y solidaridad. Porque temían que su artillería se emplease para castigar Segovia, los vecinos de Medina del Campo resistieron hasta que se quemó su villa; y porque se incendió Medina, acudieron íos procuradores de casi toda Castilla a Tordesillas y uno de los primeros actos de la Junta allí congregada fue redactar una carta de hermandad en la que cada ciudad se comprometía a defender a cualquier otra que se viera amenazada.

¿Cabe hablar ya de un sentimiento nacional? Maravall prefiere emplear el término menos anacrónico de protonacional para caracterizar lo que está naciendo entonces. De todas formas, no cabe duda de que las comunidades desarrollaron una fuerte corriente de solidaridad, primero dentro del recinto de las ciudades y luego entre las distintas ciudades; solidaridad que chocó con la dinastía, acusada de no tener en cuenta los verdaderos intereses de Castilla y con la aristocracia, sólo preocupada por defender y ampliar sus privilegios, muchas veces a expensas del patrimonio real, es decir, de la colectividad, del bien común. Dentro de esta perspectiva, era lógico que los hombres de negocios de Burgos, dominados ya por pruritos aristocráticos, se apartaran del bando comunero y contribuyeran eficazmente a su derrota.

Así se explica el papel preponderante que desempeñaron las ciudades castellanas en el movimiento comunero. De Toledo, Madrid, Valladolid, Segovia, Salamanca, Palencia, Zamora... salieron los jefes militares (Padilla, Maldonado, Bravo) o políticos (don Pedro Laso de la Vega, el licenciado Bernardino, Alonso de Saravia... ) del movimiento; de aquellas ciudades sacaron los comuneros sus milicias, sus recursos financieros, sus partidarios más entusiastas en los medios de artesanos, tenderos, operarios; allí se forjaron formas nuevas de vida política: asambleas populares (las cuadrillas de Valladolid, las parroquias de Toledo, las colaciones de Segovia, las vecindades de Burgos...) que se reunían en las iglesias y discutían los problemas candentes: los conventos y úniversidades (en Salamanca, Valladolid, Alcalá de Henares) dieron al movimiento sus intelectuales (letrados, abogados, escribanos, teólogos, profesores) y sus propagandistas (los frailes dominicos y franciscanos) que explicaban a los vecinos, desde el púlpito, que el reino no era del rey, sino de la comunidad.

 

La protesta comunera estalló en Toledo, en el verano de 1519; halló en Salamanca, en febrero del año siguiente, su programa casi definitivo; tuvo su sede en Avila, primero, luego en Tordesillas y por fin en Valladolid; murió, después de larga agonía, en Toledo, en febrero de 1522. A pesar de los ecos que despertó en importantes sectores del campo, el movimiento comunero encontró, pues, en las grandes urbes castellanas sus focos de predilección, su terreno favorito, sus partidarios más decididos.

Movimiento castellano, movimiento urbano, fue también en todos los sentidos de la palabra un movimiento popular. Bien lo comprendieron así los que, en Toledo, aclamaban al obispo Acuña como remediador de los pobres o los vecinos de Segovia, en aquel día de junio de 1521 en que los restos de Juan Bravo se sacaron de Villalar para ser depositados en el sepulcro de la familia: mientras pasaba la comitiva en medio de una muchedumbre impresionante, estrechamente vigilada por las tropas reales vencedoras, las muchachas del pueblo exclamaban: Doleos de vos, pobrecitos, que éste murió por la comunidad. Quizá tengamos en este grito de dolor la más sentida definición de lo que quisieron ser las comunidades. Juan Bravo, Padilla, Maldonado, los héroes más conocidos de aquel dramático episodio de la historia de España, fueron considerados en el siglo pasado como mártires de la libertad. E1 anacronismo ha sido muchas veces censurado, y con razón; lo que sí se puede afirmar de ellos es que efectivamente murieron, como se gritó en Segovia, por la comunidad, es decir, por una sociedad más fraternal, más calurosa. más humana.

 

CRONOLOGIA

1506. 25 de septiembre. Muere en Burgos Felipe el Hermoso, esposo de Juana de Castilla.
1507. 18 de julio. El príncipe Carlos, hijo de Juana de Castilla, es coronado en Bruselas duque de Borgoña y conde de Flandes.
1508. 4 de febrero. Maximiliano I, abuelo de Carlos, es proclamado emperador de Alemania.
1516. 23 de enero. Muerte de Fernando el Católico. Su hija Juana hereda la corona de Aragón.14 de marzo. Contra la voluntad del Consejo de Castilla, y sin que su madre haya sido declarada incapaz de reinar, el príncipe Carlos de Gante se hace proclamar en Flandes rey de Catilla y Aragón juntamente con la católica reina.

1517.-Llegada de don Carlos a España para hacerse cargo del trono, para el que había sido elegido el año anterior pese a la oposición de Cisneros y del Consejo Real (doña Juana, madre de don Carlos, vive todavía). El nuevo rey llega a España con total desconocimiento de sus peculiaridades políticas y hasta del castellano. Viaja rodeado de consejeros flamencos entre los que destaca el señor de Chievres, que consigue para su sobrino, Guillermo de Croy, de 21 años, el arzobispado de Toledo. El nombramiento causa profundo malestar en la sede primada.19 de septiembre. Desembarca en Villaviciosa el príncipe Carlos, acompañado de gran séquito de flamencos.4 de noviembre. Carlos se entrevista con su madre recluida en Tordesillas. 8 de noviembre. Muere en Roa el cardenal Cisneros, regente del reino

1518. 2 de febrero. Las Cortes de Castilla se reúnen en la iglesia de San Pablo de Valladolid para el juramento de Carlos. 7 de febrero. Carlos jura los fueros y libertades de Castilla. 22 de febrero. Carlos sale de Valladolid para Aragón.

1519.-Don Carlos es designado emperador. Llamamiento a todas las ciudades solicitando nuevos impuestos para sufragar los gastos de la coronación y de la política europea. Don Carlos decide marchar cuanto antes a Alemania.12 de enero. Fallece el emperador Maximiliano. 28 de junio. Carlos es elegido emperador tras el pago de grandes cantidades de dinero a los siete príncipes electores alemanes. 7 de noviembre. Carta de Toledo a las demás ciudades castellanas.

1520.-Toledo, que se siente agraviada por el nombramiento de Guillermo de Croy, se pone a la cabeza de un movimiento general de protesta contra la política de don Carlos, especialmente por la cuestión de los nuevos impuestos. El consejo de Toledo, con Juan de Padilla al frente, se declara en abierta rebeldía. El clero toledano apoya decididamente el movimiento organizando una procesión para rogar a Dios que iluminase el entendimento y enderezase 1a voluntad del rey al buen gobierno de estos reinos.

Don Carlos, desde Galicia, donde ha reunido las Cortes en Santiago y La Coruña, requiere a Padilla y a los demás regidores de Toledo para que respondan de su conducta. la respuesta de Padilla será un motín popular y la toma del Alcázar, así como la expulsión del corregidor de la ciudad en nombre de la comunidad de Toledo, constituyendo al propio tiempo una Junta de Gobierno.

Las ciudades de Castilla con voto en Cortes reciben noticias sobre la actitud de sus procuradores en Santiago y La Coruña que, bajo dádivas y presiones, han acabado votando en favor del servicio (impuesto), lo que provoca graves alborotos. El emperador parte para Flandes y Alemania, dejando como regente a su preceptor el cardenal Adriano, hombre débil y poco resuelto.

Juan Bravo encabeza la rebelión de Segovia, que se salda con la muerte de dos alguaciles y del procurador Rodrigo de Tordesillas, quien en las Cortes de La Coruña había votado en favor del impuesto previo soborno. El movimiento de protesta se va generalizando por las tierras castellanas: Zamora (donde destaca el obispo Antonio de Acuña), Toro, Madrid, Soria, Ávila, Cuenca, Burgos, León y otras van constituyendo su respectiva comunidad en medio de un clima de atropellos y violencia y con una evidente falta de unidad en el movimiento, El cardenal regente reúne en Valladolid al Consejo de Regencia pidiendo medios para castigar a Segovia por la muerte de su procurador. Los segovianos, dirigidos por Juan Bravo, y ayudados por gente armada de Madrid y de Toledo, impiden la entrada en la ciudad a las tropas realistas, a cuyo mando se encuentra el alcalde de Corte, Rodrigo Ronquillo, famoso por su dureza.

Adriano ordena a la ciudad de Medina del Campo que entregue la artillería de la plaza para emplearla contra los segovianos. Los de Medina se niegan y el cardenal regente manda tomar la ciudad, que es incendiada el 21 de agosto. La destrucción de Medina agrava la situación y ciudades como Palencia, Cáceres, Badajoz, Sevilla, Jaén, Ubeda y Baeza, que hasta entonces se habían mantenido fieles al rey, proceden también a la formación de sus comunidades.

Los comuneros, que hasta ese momento han actuado de forma espontánea y anárquica, deciden elaborar un plan conjunto. La comunidad de Toledo envía una carta a las restantes comunidades invitándolas a enviar sus delegados a Avila. Allí constituyen la Junta Santa el 29 de julio, nombran al toledano Pedro Lasso de la Vega presidente de la misma y a Juan de Padilla capitán general de las fuerzas comuneras. La Junta Santa se declara emancipada del gobernador y de su Consejo, se incauta de las rentas reales destinándolas a sus milicias y organización. Doña Juana, retirada en Tordesillas, da autoridad y prestigio al movimiento. Aunque tarde, y debido al cariz que toman los acontecimientos, el Emperador decide nombrar al almirante don Fadrique Enríquez y al Condestable don Iñigo de Velaseo como asociados en el gobierno al cardenal Adriano y acepta parte de las peticiones de los comuneros: suspende el cobro del impuesto votado en La Coruña, ordena que no se exporte moneda ni se otorguen cargos públicos a ningún extranjero. Don Carlos se propone, además, regresar cuanto antes a España.

Pese a estas medidas del emperador, la Junta Santa se traslada a Tordesillas. Los jefes comuneros ordenan que nadie obedezca las órdenes del cardenal ni de su Consejo. La Junta de Tordesillas se constituye en gobierno revolucionario, imponiendo órdenes al Emperador. Las ciudades más moderadas de la Junta, como Burgos, acaban por desligarse de ella. El movimiento comienza también a perder adeptos en la mayoría de las ciudades andaluzas. Granada, Cádiz, Jaén, Úbeda, Baeza Cazorla, Baza y Ronda se oponen al movimiento comunero, firmando un compromiso de fidelidad al Emperador. Las ciudades gallegas se comprometen asimismo a mantenerse fieles a don Carlos.

La Junta solicita del rey de Portugal su apoyo al tiempo que tratan de sacar de Tordesillas a doña Juana. El cardenal conmina a la Junta a la paz. La Junta replica amenazando con entrar en Medina de Rioseco, cuartel general de los realistas y ahorcar a los miembros del Consejo. La guerra se hace inevitable: el 31 de octubre los regentes declaran la guerra a la Junta.
El 5 de diciembre el ejército real desaloja a los comuneros de Tordesillas, que se trasladan a Valladolid. La pérdida de doña Juana resta fuerza al movimiento de las comunidades.19 de febrero. Carlos I escribe a la ciudad de Toledo prohibiéndole que se concierte con otras ciudades. 27 de febrero. Motín en Toledo. El pueblo se opone a que Padilla y demás regidores acudan a Galicia a donde son convocados por el rey para rendir cuentas por la actitud rebelde del Concejo de Toledo. Los toledanos se apoderan del Alcázar, expulsan al corregidor y constituyen una junta de gobierno. 1 de marzo. Regresa Carlos I a Valladolid. 4 de marzo. Los vallisoletanos tratan de impedir por la fuerza que el rey salga para las Cortes de Santiago convocadas para obtener créditos con que hacerse coronar en Alemania. 31 de Marzo. Apertura de las Cortes de Santiago. Los procuradores toledanos se abstienen de participar. Se niega la entrada a los de Salamanca. 1, 3 y 4 de abril. En las cortes de Santiago, los procuradores de León, Valladolid, Murcia, Zamora y Madrid se niegan a comenzar la sesión votándole a Carlos I, como desea, el servicio o tributo con que pagar su coronación en Alemania. Ante la resistencia encontrada, Carlos I suspende las Cortes de Santiago y decide convocarlas de nuevo en La Coruña. 16 de abril. Revuelta popular en Toledo. Ocupación del Alcázar por el pueblo y constitución de la primera comunidad o poder insurrecto de libre elección. 22 de abril. Reunión de las Cortes en La Coruña.
25 de abril. Se anuncia el nombramiento del cardenal Adriano de Utrecht para regente durante la ausencia del rey. 19 de mayo. Tras sobornar a algunos procuradores, Carlos I consigue que le voten el servicio las Cortes de La Coruña. Se oponen hasta el final los procuradores de Córdoba, Jaén, Madrid, Murcia y Toro. Se hallan ausentes los de Toledo y Salamanca. 22 de mayo. Carlos se embarca en La Coruña para Alemania.
29 de mayo. En Segovia, el descontento popular por lo sucedido en La Coruña estalla en insurrección. Son ahorcados dos alguaciles. 30 de mayo. Por haber votado el servicio al rey pese al juramento prestado, el pueblo de Segovia ajusticia en plena calle al Rodrigo de Tordesillas, que representaba a la ciudad en las Cortes de La Coruña.
30 de mayo. Estalla otra revuelta popular en Zamora. 5 de junio. En Guadalajara, el pueblo ataca la fortaleza e incendia las casas de los procuradores que representaban a la Ciudad de La Coruña. 8 de junio. Toledo escribe a las otras ciudades castellanas invitándolas a reunir Cortes.
18 de junio. Revuelta popular el Burgos. El pueblo quema las casas de varios notables y ajusticia al francés Joffre de Contannes por su complicidad con los flamencos. El mismo día, el cardenal Adriano designa al pesquisidor Ronquillo para castigar a los autores de la revuelta de Segovia. 29 de julio. Constitución en Ávila de la Santa Junta del Reino o gobierno revolucionario. Participan en las reuniones delegados oficiales de Segovia, Salamanca, Toro y Zamora, así como representantes oficiosos de otras ciudades castellanas. El caballero toledano Pedro Lasso de la Vega es elegido presidente de la Junta. El también toledano Juan de Padilla es nombrado jefe de las tropas comuneras. 21 de agosto. Al negarse los medinenses a entregar la artillería almacenada en su ciudad, para servir en la represión contra Segovia, las tropas reales, bajo mando de Fonseca, prenden fuego a Medina del Campo. Arde un millar de casas. Al saberse la noticia, entran en comunidad Palencia, Cáceres, Badajoz, Sevilla, Jaén, Ubeda y Baeza.
22 de agosto. Los medinenses, pese a la presencia de las tropas imperiales en la ciudad, se vengan descuartizando en la calle al regidor Gil Nieto. 24 de agosto. Entrada triunfal de Padilla al frente de sus tropas en Medina del Campo. 29 de agosto. El cardenal Adriano, tratando de acallar la revuelta que se extiende en todo el reino, destituye a Fonseca y disuelve su ejército. 29 de agosto. El ejército comunero con Padilla, Bravo y Zapata a la cabeza, es recibido triunfalmente en Tordesillas. Los caballeros comuneros visitan por vez primera a doña Juana, que ha vivido recluida once años.
1 de septiembre. La reina nombra a Padilla general de sus ejércitos y le pide que la Junta se reúna en Tordesillas. 3 de septiembre. Última reunión de la Junta en Avila. 9 de septiembre. Con objeto de obtener la alianza con la nobleza que había permanecido a la expectativa, pero empieza a inquietarse ante los aspectos sociales que va cobrando la rebelión, Carlos I nombra gobernadores, para secundar a Adriano, al almirante Fabrique y al condestable Velasco. 11 de septiembre. La Santa Junta se traslada a Tordesillas. 25 de septiembre. La Santa Junta promulga el juramento de hermandad de las ciudades rebeldes. 20 de octubre. La Santa Junta envía dos emisarios a don Carlos, portadores de sus dolencias. A su llegada a Bruselas reciben amenazas del rey y han de regresar a Castilla sin verle. 23 de octubre. Carlos I es coronado rey de los Romanos.
31 de octubre. Contando ya con el apoyo de la nobleza, el cardenal Adriano declara la guerra a la Junta. 3 de diciembre. Pedro de Girón, noble que tras su ruptura con el rey dirige las tropas comuneras, traiciona a los populares llevándoles de Villalpando a Villabrágima para dejar libre el camino de Tordesillas a los reales. 5 de diciembre. Los nobles se presentan en Tordesillas. Pese a la defensa organizada a última hora por el obispo Acuña y sus clérigos, la ciudad cae en manos de los reales. Acuña sale hacia Valladolid en donde penetra con poco esfuerzo echándose la población a la calle para recibirle en triunfo. 10 de diciembre. La Santa Junta se reúne por vez primera en Valladolid. Nombra a Pedro Lasso de la Vega jefe de sus tropas, con gran descontento del pueblo que irrumpe en San Pablo llevando en volandas a Padilla para reclamar su nombramiento. 17 de diciembre. Carlos I firma en Worms una real orden condenando a 249 comuneros más destacados a muerte, si son seglares, y a otras penas, si son clérigos. Declara también traidores desleales, rebeldes e infieles a cuantos apoyen a la comunidad. 31 de diciembre. De regreso de una expedición a Toledo, Padilla entra triunfantemente en Valladolid con nuevo ejército.

1521.-Desde Valladolid, el ejército comunero emprende acciones bélicas contra la nobleza. A finales de febrero, el ejército comunero, al mando de Juan de Padilla, se apodera de Torrelobatón, fortaleza del almirante de Castilla. Fue esa una pobre victoria. Los caudillos comuneros no demostraron, precisamente, mucha pericia militar y, en vez de avanzar decididamente contra Medina de Rioseco. cuya toma les hubiera dado una gran fuerza, permanecieron acantonados en Torrelobatón. La pasividad de Padilla permitió que se reforzase el ejército real, al tiempo que aumentaba el cansancio entre las mesnadas comuneras en las que menudearon las deserciones para acogerse al indulto proclamado por los regentes.

El conde de Haro, capitán de las tropas reales, avanzó a mediados de abril hacia Torrelobatón. Cuando se hallaba en Peña
flor, a unos cuatro kilómetros de las tropas comuneras, Padilla comenzó la retirada en dirección a Toro pese a su superioridad numérica. El conde de Haro jugó entonces con toda su audacia y persiguió a los comuneros sólo con su caballería, para impedir que a Padilla se le unieran los refuerzos que ya habían salido de Toro y Zamora.

El día 23 de abril el ejército real alcanzó al comunero junto al Puente del Fierro, a unos cinco kilómetros de Villalar. Parte de la infantería de las comunidades estaba ya dentro del pueblo. Los capitanes Bravo y Maldonado trataron de organizarla y de llevarla al combate, pero sus esfuerzos fueron inútiles. El ejército comunero ya estaba derrotado aun antes de comenzar la batalla. Finalmente, bajo una lluvia torrencial, se trabó el combate entre la caballería realista y los incondicionales de Padilla, Bravo y Maldonado. La lucha fue breve, hasta el punto de que los cronistas más puntuales sólo hablan de docena y media de bajas entre los hombres del conde de Haro. Los comuneros tuvieron unas 500 muertes, fundamentalmente infantes acuchillados por la caballería mientras huían, y unos mil prisioneros entre los que se hallaban los tres caudillos. Al día siguiente fueron juzgados los tres jefes comuneros y, a continuación, decapitados en la plaza de Villalar.

Tras la derrota del Puente del Fierro, más conocida como de Villalar, el movimiento de las comunidades se desintegra rápidamente. Valladolid se vio forzada a capitular y luego siguieron su ejemplo Medina del Campo, Toro, Zamora, Salamanca Ávila y otras plazas y ciudades. Toledo, donde se refugió el obispo Acuña con sus seguidores, fue defendido durante seis meses por María Pacheco, viuda de Padilla. Al final tras la Concordia de la Sisla, los imperiales pudieron entrar en la ciudad (25 de octubre), con lo que, pese a algunos coletazos posteriores, puede darse por concluida la sublevación de las Comunidades.

22 de enero. El condestable de Castilla sofoca en Burgos una revuelta comunera. 23 de enero. Sitio de Magaz por las tropas de Acuña. 25 de enero. La Junta decide consultar a Padilla sobre la eventualidad de una tregua. Padilla se opone.
1 de febrero. Acuña penetra en Frómista. 5 de febrero. Las tropas de la Junta ocupan Mucientes. 7 de febrero. Padilla destruye la fortaleza de Cigales para impedir que caiga en manos de los imperiales. 16 de febrero. Se hace público en Burgos el edicto de Worms contra los comuneros. 17 de febrero. Quince ciudades andaluzas, encabezadas por Granada y Cádiz firman un compromiso de fidelidad al rey. 17 de febrero. Sale Padilla con sus tropas de Valladolid para Zaratán, camino ya de Torrelobatón. 21 de febrero. Las tropas comuneras llegan frente a Torrelobatón. 25 de febrero. Tras tres días de combates, las tropas comuneras logran penetrar en Torrelobatón y la ciudad se rinde a Padilla. 3 de marzo. Comienza una tregua que se prolonga hasta el 11 del mismo mes. 10 de marzo. Acuña va de Alcalá a Madrid.
12 de marzo. Llega Acuña a Ocaña. 29 de marzo. Acuña se presenta de incógnito en Toledo. Al enterarse los toledanos le llevan en triunfo a la catedral y quieren proclamarle arzobispo. 30 de marzo. Se entrevista Acuña por vez primero con doña María de Pacheco, esposa de Padilla. 9 de abril. Bajo la presión popular, los canónigos de Toledo se ven obligados a ceder a Acuña la administración del arzobispado. 12 de abril. Tras duros combates, las tropas reales penetran en la ciudad de Mora, prendiendo fuego a la iglesia, en cuyo interior perecen quemados vivos tres mil ancianos, mujeres y niños. El mismo día, Acuña decreta la movilización de los toledanos de 15 a 60 años, sale de Toledo, destruye Villaseca, y estando en Yepes, se entera del incendio de Mora. Decide entonces castigar a los reales que quemaron la plaza, dándoles alcance días después en Illescas, pero no consigue vengarse por huir sus hombres despavoridos en la noche ante un rebaño desbandado de bueyes y vacas. 15 de abril. El ejército de los nobles acampa en Peñaflor, a una legua de Torrelobatón, en donde se halla Padilla con su hombres. 17 de abril. El ejército real próximo a Torrelobatón se refuerza con la llegada del condestable al frente de sus tropas. 23 de abril. De madrugada, sale de Torrelobatón hacia Toro el ejército comunero al mando de Pdilla. Al final de la tarde, el ejército real le da alcance, derrotándole en Villalar. 24 de abril. Sin proceso alguno, los jefes comuneros son condenados a muerte. De madrugada, son decapitados Juan Bravo y Juan de Padilla. Horas después, lo es también Francisco Maldonado. 26 de abril. Llega a Toledo un servidor de Pedro Lasso con la noticia de la derrota de Villalar. Pese a no darle crédito, María de Pacheco ordena que se refuercen las defensas de la ciudad.
10 de mayo. Los franceses invaden Navarra. 17 de agosto. En la aldea de Olías, mil quinientos comuneros toledanos que habían efectuado una salida en busca de víveres libran batalla con las tropas imperiales. Los comuneros pierden mil hombre. Entre los heridos del ejército imperial se halla el poeta Gracilazo de la Vega. 1 de septiembre. Comienza el bombardeo de Toledo por la artillería real. 16 de octubre. A las puertas de Toledo, un ejército comunero que regresaba de una salida cargado de provisiones, se ve obligado a batirse dejando quinientos muertos sobre el terreno.
25 de octubre. Rendición de Toledo 9 de enero. Gracias al apoyo del emperador Carlos V, el cardenal Adriano, que dirigió como regente de Castilla la lucha contra los comuneros, es elegido papa con el nombre de Adriano VI.
2 de febrero. Al celebrar el cabildo toledano la elección de Adriano, vuelve a brotar en la ciudad la rebelión comunera.
3 de febrero. El obispo de Bari sofoca con las tropas reales la nueva rebelión de Toledo. Doña María de Pacheco huye a Portugal.
7 de Julio. Carlos regresa a Castilla, desembarcando en Santander.
1 de octubre. Tras año y medio de dura represión, Carlos V promulga en Valladolid un perdón general que excluye a 293 comuneros. Días antes, había ordenado personalmente que fueran decapitados siete procuradores apresados en Tordesillas, así como Pedro Maldonado en Simancas y el pellejero Villoria en Salamanca.

1522.-E1 Emperador regresa a España. El primero de octubre se hace pública en Valladolid una carta de perdón general del que quedan excluidos unos 200 jefes comuneros. Sólo tres de ellos serían capturados y ejecutados. Entre éstos estuvo el obispo Acuña, cuya muerte costó la excomunión al Emperador.

1523. 24 de Enero. Carlos V promulga una real cédula condenando a muerte y a secuestro de sus bienes a doña María de Pacheco, viuda de Padilla.

1526. 24 de febrero. Acuña intenta huir del castillo de Simancas matando al alcaide de la fortaleza.
24 de marzo. Por orden expresa de Carlos V, el obispo Acuña es condenado a garrote vil y ejecutado, siendo colgados sus despojos en alto de las almenas del castillo de Simancas

 

 

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