Una idea, un destino
¡¡Oh!!, qué grande 23 de abril,
Castilla y los buenos castellanos
se rinden hoy a tus pies.
Echarémos vino y merienda,
marcharemos para Villalar,
a recordar nuestros héroes y,
por la causa luchar.
En la Revolución de Comunidades,
diseñaron una moderna alternativa
nacionalista, democrática y social;
para su Castilla amada y sometida.
Bravo, Maldonado y Padilla.
murieron en 1521 decapitados,
por luchar por su Castilla,
¡Bien merecen mil alagos!.
Tras reiteradas batallas,
nos derrotó la milicia
Jefe, capitán y noble,
perdieron con la avaricia.
Turbó Juana su razón,
y en la hora que la eccerraron
por la muerte del Hermoso
loca la dictaminaron.
Carlos I estas tierras pisó,
sin causa, nos robó el imperialismo,
derrotaron el proyecto Castellano:
Carlos, sua afán y su absolutismo.
|
España, Alemania, Flandes, Austria...
¡Qué más quiere este tragón!
Ya sabemos que en su imperio,
no se puso nunca el Sol.
Cargos de corte a extranjeros
fueron decisivos al pueblo español
y fue en el seno burgues
donde estalló la revolución.
A pesar del potencial Carlista
los sublevados no se rindieron
y esta fiesta va por todos,
los que por luchar murieron
Ahogados en sangre, suponían
el sentimiento de la burguesía,
fueron un mito y lo son
y yo les llevo en el corazón.
Recuerdo es de un aderrota,
más que una festividad
¡¡Qué vivan los Comuneros!!
y que ¡¡Viva Villalar!!.
Raúl Rodríguez Vicente
Bercial de Zapardiel 23 de abril de 2004 |
LOS COMUNEROS
Juan Bravo
Se cree que nació en Atienza (Guadalajara) hacia el año 1483. Era miembro de una familia aristocrática y corregidor de Segovia. Estaba casado con María Coronel. Después de las Cortes de La Coruña, 29 de mayo de 1520, levantó a su ciudad en armas y después de que el procurador segoviano Rodrigo de Tordesillas fuera apaleado por el pueblo, le mandó ahorcar al día siguiente, por haber votado favorablemente al rey en las Cortes de la Coruña. El regente de Carlos I, Adriano de Utrech mandó al alcaide Ronquillo, al objeto de prender a Juan Bravo y sofocar la revuelta segoviana.
Sin embargo, las fuerzas comuneras recibieron refuerzos de Madrid y Toledo y derrotaron al enviado del futuro Papa Adriano VI. El resto de las fuerzas imperiales se hicieron fuertes en el Alcázar de Segovia y allí estuvieron hasta el final de la revuelta comunera.
Junto a Juan de Zapata (capitán de Madrid), Juan de Padilla (Toledo) y Francisco de Maldonado (Salamanca) representó a los castellanos sublevados ante la reina Juana en Tordesillas. Finalmente, fue derrotado en Villalar, donde cayó prisionero. Fue condenado sumariamente a muerte y ejecutado en la plaza de dicho pueblo.
En el momento de subir al cadalso pidió ser ajusticiado el primero por no ver la ejecución de sus compañeros. Al ser trasladado su cadáver a Segovia se formó un tumulto que tuvo que ser reprimido con grandes dificultades por las autoridadades reales.
Juan de Padilla
Noble castellano, nacido en Toledo en 1480. Era jefe de las milicias de Toledo. Estaba casado con María Pacheco. En 1519 se unió al movimiento de las comunidades castellanas. Acudió a Segovia en ayuda de Juan Bravo, siendo designado poco después jefe del ejército comunero el 29 de julio de 1520. Vuelve a Toledo, después de ceder el mando a Pedro Girón. Pero la deserción de éste en diciembre al bando de Carlos I, hace que Padilla vuelva nuevamente a Valladolid el 31 de diciembre con un nuevo ejército toledano. Erigido nuevamente en lider de los comuneros, conquistó Ampudia y Torrelobatón. Sucedió estó el 28 de febrero de 1521.
Desgraciadamente, los mandos comuneros no supieron aprovechar estos avatares y decidieron permanecer en Torrelobatón, durante casi dos meses, dando tiempo a la reorganización de los ejércitos realistas. Finalmente ante la llegada de los ejércitos realistas, decide trasladar sus efectivos hasta la fortaleza de Toro. Cogidos en medio de una intensa lluvia sus hombres son literalmente masacrados por la caballería del Conde de Haro, perdiendo entre 200 y 1000 hombres según las fuentes. El resto se dispersa o son hechos prisioneros.
Al día siguiente después de un juicio sumarísimo, los tres cabecillas son declarados culpables y condenados a morir por decapitación.
Antes de subir al cadalso, Juan de Padilla le dijo a su camarada Juan Bravo unas célebres palabras que han quedado para la posteridad:
"Señor Bravo: ayer era día de pelear como caballero...hoy es día de morir como cristiano"
Esto originó que Juan Bravo pidiera ser ejecutado antes que Padilla, "para no ver la muerte de tan buen caballero".
Francisco de Maldonado
Nació en 1480 en Salamanca. Era capitán de las tropas de Salamanca. Se unió al movimiento comunero y acudió a Torrelobatón en ayuda de las fuerzas de Padilla y Juan Bravo. Atacó Tordesillas, pero esta ciudad recibió refuerzos de las tropas realistas. Entonces sus fuerzas se acantaronaron en la fortaleza de Toro, desde donde acudió a Torrelobatón, para ser vencido poco después en Villalar. Su decapitación, junto con sus compañeros, fue el principio del fin de la guerra de las comunidades de Castilla.
Maria Pacheco
Dama castellana, era hija del conde de Tendilla, Iñigo López de Mendoza y de Francisca Pacheco, hija de Juan de Pacheco, Marqués de Villena, de quien tomó su apellido. En el año 1510, su padre la casó con un noble toledano, Juan de Padilla, lo que no la sentó nada bien, porque pensaba que el hidalgo era de inferior rango.
Al comienzo de instó a su marido a unir Toledo a la causa comunera. Cuando Padilla abandonó Toledo por avatares de la guerra, ésta quedó gobernando sola la ciudad hasta que llegó el obispo Acuña, el cual había tomado parte activa en la batalla de Torrelobatón.
Cuando después del desastre de Villalar, su esposo y los demás jefes comuneros son ejecutados, las ciudades castellanas capitulan una tras otra, excepto Toledo. María se hace cargo del gobierno de la ciudad. Guarnece las puertas, coloca artillería en puntos estratégicos y nombra directamente los capitanes para la defensa. La mayoría de sus antiguos colaboradores eran partidarios de capitular pero ella se mantiene firme. Incluso el obispo Acuña huye en el mes de mayo.
Las tropas de Carlos V cercan Toledo y María llega a apuntar con sus cañones a los propios toledanos para evitar la deserción y el decaimiento del ánimo de la tropa. Coincidiendo con el nombramiento de Papa del Cardenal Adriano de Utrech, se forma una conspiración para derribar y entregar a María, pero el pueblo toledano se levanta en armas y hace frente a la amenaza.
Finalmente, viéndolo todo perdido, huye de Toledo disfrazada de aldeana y se acoge a la protección del arzobispo de Braga, quien desatiende continuamente los llamamientos de Carlos V a la expulsión de su huésped.
Por su enconada resistencia, fue excluída de cualquier tipo de perdón otorgado por Carlos V a los comuneros. En marzo de 1531 muere siendo enterrada en la catedral de Oporto, por no conceder el rey permiso para que sus restos reposaran en Villalar junto a los de su marido, como era su deseo.
Sus hazañas la hicieron grandemente famosa entre el pueblo castellano, que la llamó cariñosamente, "la leona de Castilla".
MORIR POR LA COMUNIDAD
Joseph Pérez (Profesor de la Universidad de Burdeos)
Ejecución de los Comuneros (Plumilla a partir de la obra de Antonio Gisbert.
El movimiento comunero -la primera de las guerras civiles que en los tiempos modernos ensangrentó los campos de España, según frase de Cayetano Alcázar- tiene causas y características que permiten definirlo como preferentemente -aunque no exclusivamente- urbano y castellano.
Las causas hay que buscarlas en las dificultades que conoce Castilla desde principios del siglo XVI y en los cambios políticos que supone el advenimiento de los Austrias.
El siglo XVI empieza con una serie de malas cosechas, hambres y epidemias. Los precios suben rápidamente, bajan entre 1510 y 1515 (único período de la centuria en que se da el fenómeno y vuelven a subir tremendamente hasta alcanzar su punto máximo en 1521. Ante la crisis se rompe el equilibrio que los Reyes Católicos habían logrado mantener entre las regiones del reino. E1 norte (Burgos, la Montaña) y Andalucía resisten más porque el comercio internacional permite mantener ciertas actividades, pero empiezan a expresarse quejas contra los monopolios (el de los burgaleses y extranjeros, sobre todo genoveses). En sendos memoriales redactados en 1515, Pedro de Burgos, vallisoletano a pesar de su apellido, y Rodrigo de Luján, madrileño, denuncian la política económica seguida en Castilla, que lleva el país al subdesarrollo, al convertirlo en exportador de materias primas (principalmente la lana) e importador de productos elaborados en el extranjero (los paños de Flandes, por ejemplo).
La situación política, caracterizada por una serie de problemas dinásticos desde la muerte de Isabel la Católica en 1504 (incapacidad de doña Juana la Loca, heredera del trono; reinado efímero de su marido, Felipe el Hermoso; regencias de Fernando el Católico y del cardenal Cisneros) impide que los gobernantes presten a tales dificultades la debida atención. En 1516, don Carlos, nieto de los Reyes Católicos, se proclama rey de Castilla contra el parecer de Cisneros y del Consejo Real (ya que no puede ser rey en vida de su madre, doña Juana, a quien las Cortes no han querido privar de sus derechos) y en octubre de 1517 llega a la Península para hacerse cargo efectivo del gobierno. E1 nuevo soberano causa mala impresión: no habla castellano, rodeado de una corte de consejeros flamencos (entre ellos, el famoso Señor de Chievres, que goza de la confianza del rey) que se reparten los oficios sin el menor- escrúpulo: el caso más escandaloso fue el nombramiento del sobrino de Chievres, un muchaho de veintiún años, como sucesor de Cisneros en el arzobispado de Toledo. Económicamente, la parte central, en torno a Toledo y Valladolid, parece mucho más afectada: los talleres ,y comercios de Zamora, Segovia, Toledo y Cuenca conocen una marcada decadencia.
Pero hay más: en 1519, don Carlos es elegido emperador y decide marchar cuanto antes a Alemania. E1 hecho cristaliza en el descontento que cunde en Castilla. E1 regimiento de Toledo toma entonces la iniciativa de una campaña nacional, primero contra los impuestos que la Corte pretende subir para sufragar los gastos de la coronación imperial y luego contra la misma política imperial. La campaña alcanza mayor relieve a principios de 1520 con motivo del llamamiento a Cortes. De los conventos de Salamanca sale, en febrero, un documento enviado a todas las ciudades con voz y voto en Cortes y que resume las reivindicaciones de Castilla: contra los impuestos (el servicio) que el rey quiere exigir antes de su partida; contra el Imperio: Castilla no tiene por qué sacrificarse al Imperio ni quiere estar sometida a él. Y los frailes de Salamanca concluyen con una amenaza velada: si el rey se niega a atender las justas quejas de su pueblo, las Comunidades tendrían que tomar la defensa del reino.
Don Carlos no hace caso de tales advertencias. Reúne Cortes en Santiago y en La Coruña; logra convencer con dádivas y presiones a una mayoría de procuradores, que consienten en votar el servicio y se marcha, rumbo a Flandes y Alemania, dejando como regente y virrey a su antiguo preceptor, el cardenal Adriano.
E1 descontento llega entonces a su colmo. En varias ciudades (Segovia, Burgos, Guadalajara, Zamora, León... ), se producen motines contra los procuradores que han votado el servicio, contra los corregidores, contra los arrendadores de impuestos, contra los cómplices de los flamencos... Toledo que, desde el 15 de abril, está regida por una comunidad revolucionaria, compuesta por representantes de todos los estados, dirige, el 8 de junio, una carta circular a las ciudades para que envíen sus procuradores a una Junta, a fin de protestar contra el servicio y el nombramiento de un gobernador extranjero.
La asamblea se reúne a primeros de agosto en Avila, pero queda reducida a la representación de cuatro ciudades: Toledo, Segovia, Salamanca y Toro. El Consejo Real trata de reaccionar: encarga a Fonseca, jefe del ejército real, que se apodere de los cañones queestán depositados en Medina del Campo; la población se resiste a entregar unas armas que cree destinadas a combatir a Segovia; de la refriega nace un gigantesco incendio que en pocas horas destruye una parte importante de la villa. E1 escándalo provocado por el acontecimiento contribuye a aislar al cardenal Adriano y al Consejo Real. Muchas ciudades, que vacilaban todavía, se unen ahora a Toledo; la Junta se traslada a Tordesillas, donde a la sazón residía la reina doña Juana la Loca, y allí se reunen, en septiembre, trece de las dieciocho ciudades que tienen voz y voto en Cortes.
Batalla de Villalar, por Manuel Pícolo y López (Madrid, colección Argentaria).
La guerra
Los comuneros parecen dueños de la situación. Pero durante el otoño de 1520 las cosas evolucionan de otro modo: la aristocracia castellana, hasta entonces más bien neutral, se siente amenazada por el movimiento comunero que se extiende ahora en varios sectores del campo. En el mismo momento, Carlos V nombra al condestable y al almirante de Castilla, dos de los principales magnates del país, como corregentes al lado del cardenal Adriano y hace algunas concesiones, como la renuncia del servicio votado en las Cortes de Santiago-La Coruña. Por otra parte, la Junta de Tordesillas se constituye en gobierno revolucionario; pretende dictar varias condiciones al rey que tienden a limitar seriamente sus prerrogativas. Todo ello asusta a los elementos moderados de la Junta; Burgos acaba apartándose del movimiento en octubre. El ejército real, reconstituido con la ayuda de los nobles, desaloja a los comuneros de Tordesillas, el 5 de diciembre de 1520.
La Junta -de la cual se han separado varias ciudades moderadas, a imitación de Burgos- se traslada entonces a Valladolid. Desde allí desarrolla varias acciones bélicas contra los señoríos de la Tierra de Campos y las tropas de los Grandes. A fines de febrero de 1521, el ejército comunero se apodera de Torrelobatón, fortaleza del almirante, pero no sabe explotar la victoria y, el 23 de abril de 1521, sufre una derrota total en Villalar. Toledo todavía resiste durante meses, pero tiene que someterse definitivamente el 2 de febrero de 1522.
Estos fueron los grandes rasgos de la rebelión comunera. ¿Cómo caracterizarla? Repito: principalmente -aunque no exclusivamente -como un movimiento castellano y urbano.
Movimiento castellano
La rebelión tiene sus focos principales en la Meseta. Andalucía quedó siempre al margen. Ya el 15 de junio de 1520, Córdoba le escribía a Toledo que su intención era de no hallarse en junta alguna. A pesar de una propaganda intensiva, durante el verano de 1520, a pesar también de algunas tentativas locales, rápidamente sofocadas en Sevilla y otros puntos, las ciudades andaluzas no se unen al resto del reino. Hay más: forman, en febrero de 1521, una liga, la Confederación de la Rambla, para contrarrestar los intentos comuneros al sur de la Sierra Morena.
En las provincias vascongadas, la situación resulta algo confusa. El conde de Salvatierra aprovecha la oportunidad para saldar cuentas atrasadas con el poder real y otros magnates y aparenta solidarizarse con los comuneros, pero su participación no deja de conservar un carácter táctico y accidental. Galicia y Extremadura no parecen tampoco integrarse dentro de la problemática comunera. El área geográfica de la rebelión queda perfectamente delimitada por uno de los virreyes de Carlos V, el condestable de Castilla, quien le escribe lo siguiente al monarca, en 30 de septiembre de 1520:
Todo cuanto hay de aquí (Briviesca) a la Sierra Morena todo está levantado. En la misma carta pone de relieve la lealtad del país vasco y de la Montaña. Meses después, el 2 de febrero de 1521, cuando la contienda alcanza su punto álgido, el condestable vuelve a insistir en lo mismo:
Todo el daño del reino está en medio del reino. El Andalucía y reino de Granada y la mayor parte de Extremadura y reino de Galicia y Asturias y estas montañas [Burgos y el norte], todo está bueno a lo que parece.
No toda Castilla, sin embargo, se adhiere al movimiento. Durante el verano de 1520, se nota que Burgos mantiene sus reservas; sus procuradores en la Junta protestan siempre contra el tono revolucionario que Toledo y Salamanca pretenden dar a la asamblea reunida en Tordesillas. Por fin, Burgos acaba rompiendo con la Junta; a 19 de octubre, los mercaderes que dirigen la ciudad se ponen de acuerdo con el condestable y, contra la opinión de la masa popular -los comunes- se inclinan a favor del campo realista y de los grandes. En Burgos, los partidarios de la comunidad estuvieron siempre sometidos a la influencia de los caballeros y negociantes; allí se hacia. todo a gusto de los ricos, escribe el cronista del siglo XVI Maldonado, y los ricos no podían contemplar sin inquietud una situación que amenazaba acabar con su predominio. Por eso prefirieron unirse con la aristocracia en su lucha contra los comuneros.
En cambio, en Valladolid, la presión de los medios populares de artesanos, tenderos y pueblo menudo impide toda desviación; impone al contrario una mayor radicalización. Valladolid se convierte así en uno de los centros más dinámicos del movimiento comunero, desde el cual se presiona a la Junta para que no ceje en sus propósitos.
El ámbito geográfico de las Comunidades queda así claramente determinado con sus dos polos, sus dos capitales y centros nerviosos: Toledo y Valladolid. Dentro de este marco, todo lo que se sitúa entre aquellas dos ciudades es comunero: Segovia, Madrid, por ejemplo; lo mismo ocurre con las situadas en torno al eje Valladolid-Toledo: Salamanca, Zamora, Palencia... Más allá, la influencia de la Junta va disminuyendo hasta llegar a las zonas anticomumuneras que, en Castilla, empiezan en la comarca de Burgos.
Monumento de Juan Bravo en Segovia. (Foto Santos Cid).
No cabe duda de que el movimiento comunero expresa el malestar del centro castellano que se considera como desatendido, sacrificado. Sevilla tiene la Casa de la Contratación, el comercio con América, lleno de promesas. Burgos cuenta con los provechos del Consulado y el negocio con Flandes y la Europa del norte. E1 centro castellano sufre las consecuencias del desempleo, de la crisis de los primeros años del siglo: las lanas de mejor calidad se exportan al extranjero, privando así a los talleres de Segovia, Zamora, Cuenca... de la materia prima indispensable para el desarrollo de las manufacturas textiles. Las nuevas cargas tributarias impuestas por Carlos V acentúan el malestar. Se tiene la impresión de que Castilla va a convertirse en una colonia del Imperio, abastecedora de recursos financieros y humanos para una política que nada tiene que ver con los verdaderos intereses del país.
De aquella inquietud tenemos dos testimonios fidedignos por ser sus autores hombres que gozaron de la confianza del monarca. Se trata de dos de los virreyes: el condestable de Castilla y el cardenal Adriano. E1 primero ha logrado, en los primeros días de julio de 1520, restablecer más o menos el orden en la ciudad de Burgos, pero se cree en la obligación de llamar la atención de Carlos V sobre los sentimientos exactos del pueblo. En 7 de julio, le escribe lo siguiente:
Dicen, muy poderoso Señor, que después que Vuestra Majestad comenzó a reinar, ha mostrado poco amor y poca gana de aprovechar a estos reinos vuestros.
En los mismos días, desde Valladolid, el cardenal Adriano, al referir escrupulosamente lo que está pasando en Castilla, señala con acierto una de las principales reivindicaciones de los comuneros, dispuestos a resistir a toda dominación y a toda explotación:
Dicen expresamente que las pecunias de Castilla se deben gastar al provecho de Castilla, y no de Alemania, Aragón, Nápoles, etcétera, y que Vuestra Majestad ha de gobernar cada una tierra con el dinero que de ella recibe.
Quedan así perfectamente aclarados los pensamientos y propósitos de unos rebeldes que pretendían ante todo defender el reino contra el mismo rey, acusado de tener poca simpatía para sus súbditos y de no preocuparse en absoluto de lo que hoy llamaríamos la independencia nacional.