Curiosidades


 

 

RECORDANDO LAS POSADAS

FELIPE HERRERO

La Posada de la Sra. María

Con la llegada de progreso y el cambio del transporte animal por la automoción, una de las primeras cosas que desaparecieron de nuestros pueblos fueron las posadas. La primera posada que recuerda el que estas líneas escribe fue la que regía la Señora María madre de los hermanos García (Anastasio, Serafín, Teófilo, Gregorio y Valentín) estaba ubicada en la calle del Pozo Bueno, hoy casa del los herederos del señor Santos Hidalgo.

La segunda y última la tuvo la señora Primitiva que fue como tradición heredada pues dicha señora era nuera de la primera posadera. Durante muchos años en las posadas se albergaron arrieros, chalanes, jergoneros, trilleros etc. En este breve espacio me es imposible recordar a todos los que pernoctaron en la posada de nuestro pueblo por eso sólo voy a recordar a unos pocos de entre tantos.

Posada de la Sra. Primitiva

Los castañeros de Muñico (Ávila) venían con sus carretas arrastradas por vacas, su estancia en la posada duraba lo que duraba el canjeo de su mercancía, o sea sus castañas por algarrobas o cebada. Los aceiteros de Santi Bañer de Béjar, que a lomos de sus mulos nos traían los alimentos o condimentos propios de cada época (miel, aceite, pimiento, cera, etc..) Los trilleros de Cantalejo (Segovia) que traían sus carros llenos de trillos nuevos y permanecían aquí hasta que vendían sus trillos y reparaban los viejos. Los esquiladores de Pelayo (Segovia) que durante la campaña de esquila, comían en casa del pastor donde trabajaban y por la noche dormían en la posada
Los jergoneros de la Horcajada que solían venir varias veces al año a reparar los viejos y a vender alguno nuevo.

Paco que desde Galicia su tierra, venía hasta Medina en tren, allí desembarcaba su artilugio de afilar, recorría los pueblos de las comarcas anunciando con el inconfundible sonar de su silbato que había llegado el afilador. "Polilla" que nos introdujo en el mundo del cine. Las películas que nos proyectaba eran mudas, pero él se sabía el argumento o la historia y nos lo contaba a su manera. Las posadas fueron también durante muchos años fuente de comunicación porque en ellas se albergaron hombres, aunque no eran hombres de estudios si tenían una sabiduría muy singular, adquirida de tanto rodar por el mundo. Nos contaban, en las largas noches de invierno al fogato de la lumbre de la misma posada o al calor de la estufa de una cantina, los abatares de la vida, las peripecias del viaje, tradiciones y costumbres de su tierra y de los pueblos por donde pasaban.

 


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