Artículos de opinión publicados en el Diario de Ávila
 

Labrador y cazador con galgo

"La caza es una práctica que se arrastra desde los años más remotos de la edad media. Como una necesidad de alimentarse que el hombre tuvo desde el principio de los siglos y, l mismo tiempo, como una exigencia lógica para mantener el equilibrio de la naturaleza".

 

EL HOMBRE
Cuando hablamos de caza en las tertulias a mí siempre me viene a la memoria un vecino del pueblo, El Sr. Castor Rodríguez, que fue el paradigma del tradicional cazador castellano, pues hacía coincidir en su persona la condición de labrador con la de genuino cazador. Antiguamente en la Moraña, y en la campiña Castellana, toda casa que podía armar un par de labranza tenía un galgo. El galgo es más que un perro. Era un símbolo de señorio, o de casas de buen llevar, donde en la fachada se desdibujaba un viejo escudo de linaje o sobraba el pan y los garbanzos. Un galgo echado en el escaño o ante la chimenea daba prestigio, además de compañía a su amo.

El Sr. Castor siempre supo alternar y conjugar la afición con la profesión, complementando estas dos actividades con otras dos de menor importancia: la de correo local y la de Alcalde del pueblo. Y fue sobre todo una" excelente persona", según el testimonio unánime de todos los vecinos a los que hemos consultado para realizar el trabajo. Estas mismas personas nos relataban con admiración y respeto, que cuando iba y venía de arar mandaba a las mulas delante y él se ponía en mano hasta la tierra en la que tenía el corte.

Este labrador-cazador según avanzaba por las tierras hacia la besana, donde había dejado la tarea el día anterior haciendo surcos totalmente paralelos y preparando la tierra para sembrar;. se entretenía en descubrir el rastro de las liebres o los nidos de perdices. No creo que exageremos al decir que en este hombre, mucho antes que un labrador había en el un cazador ancestral a quien se le iluminaban los ojos si descubría una liebre por el barbecho o levantaba un bando de avutardas. El labrador con galgo escapaba a la esclavitud de la tierra, la cual trabajaba con el sudor de su frente. El labrador con galgo gozaba de su Tierra de la tierra que le vio nacer y crecer; tierra ancha, aquí llana, allá ondulada; tierra de muchas tierras, antes de la concentración parcelaria. Tierra de ocres barbechos, de dorados trigales, a dos hojas, con regatos, donde cantaba la codorniz, tierra con juncales, con lindes enormes, con algún que otro almendro, con pequeños pinares esparcidos por el término; como los tiestos de geranios que adornan nuestras fachadas, contadas encinas y algún chopo...

Si bien en nuestro pueblo no ha habido un gran número de aficionadas - como por ejemplo en Mamblas o en Madrigal, podemos asegurar que los pocos cazadores que pisan nuestros campos reúnen en torno a ellos lo auténtico y genuino de la lucha de la naturaleza y defensa de la misma, porque antes y ahora el primer interesado en conservar y defender el equilibrio en la naturaleza y medio ambiente es el cazador.

EL GALGO, NACIDO PARA CAZAR
Los galgos han nacido para la caza que se vuelve en su principal instinto, arte y razón de sus días. Los galgos no entendían de la veda, aquellos meses de contención contra la naturaleza, de penitencia depredadora. Les colgaban el tanganillo, un palo que se les metía entre las manos y les impedía la carrera. Los galgos salían al campo con sus amos, pero en tiempo de veda no podían correr, bajo multa del guarda jurado o de la Guardia Civil. Pero el instinto era superior a las prevenciones. Husmeaban. Levantaban la liebre en camada o la perdiz en su nido. Corrían, con dificultades, hasta que se lastimaban con el tanganillo que era como un badajo pendiente del collar. Los perros más viejos mordían el palo y seguían corriendo.

Hay galgos imposibles que esperan cualquier descuido de su amo, en la noche, cuando se les quitaba el tanganillo y volvían después del amanecer, majestuosos, con una liebre entre las fauces. Hay, a veces, galgos tan picados a la caza, que no pueden estar mano sobre mano, echados sobre sus cuatro patas, y que en un momento de celo, digamos "profesional", se extralimita en sus funciones y acababan con los gatos y las gallinas.

No cuentan las crónicas escritas y orales que en los campos y pueblos de nuestra Castilla, el galgo era más que un perro vulgar. Todo hijo de vecino que podía, poseía un galgo. Cuando un galgo tiene fama de ser el mejor del contorno o de la comarca, llega a tener tanta fama entre los galgueros como los jugadores estrellas de los equipos grandes del fútbol. El amo del perro, le cuida como a un hijo suyo, intentando mantener al animal en un difícil equilibrio que con mucho saber le mantenga a la vez, ágil y lustroso. Es la pasión de muchos mayores, pequeños y ancianos El criar un galgo, es casi como el que entrena a un deportista de élite, mejor dicho, como decíamos antes, es uno más de la familia, es algo único que cada galguero lleva dentro, inexplicable, aseguran los galgueros, que hasta que no te pasa no sabes lo que es de verdad

En Bercial es muy divertido presenciar las polémicas entre el Juli, Alfredo, Ismael, Mariano y algunos galgueros más, como en el resto de los pueblos de la Moraña y de Castilla en donde se practica esta modalidad de caza, hablan de sus galgos como si fueran jugadores de fútbol del Madrid del Barcelona. El perro de cada uno es el mejor de todos, el que más liebres mata, el que mejor las llega, y siempre pasa lo mismo, la porfía de que si el mío es mejor que el tuyo, que el tuyo las llega pero no las mata como el mío, sino llega, siempre existe la excusa, de que es nuevo, que acaba de comer, que es demasiado nuevo, y que al año que viene dirán de donde son... etc., etc

DE PODER A PODER
Sin todas estas cosas los galgos no serían lo mismo, como en tosas las cosas de la vida existen perros buenos y perros malos, más rápidos, con más fondo y resistencia, con más picardía por lo veterano y astuto... Pero a las liebres las pasa lo mismo con el tiempo son más duras y astutas para no ser atrapadas por sus enemigos los galgos. Es la lucha por supervivencia de PODER A PODER, en unos minutos que dura la carrera se sabe quien manda en velocidad, aguante, astucia y resistencia. Si la corredora se salva, se comenta, de todo... que si el terreno estaba duro, que la liebre era muy grande y el perro lleva sin correr mucho tiempo, que si el perdedero estaba muy cerca...etc., etc. Y por el contrario si la liebre consigue morir en boca de los perros, también se oye de todo... que si van muchos perros para luna libre, que estaba preñada no podía correr, que la ha matado de rebote... etc., etc.

Entre los perros se aprecian ciertas características como entre los humanos, hay galgos que se les ve seguro de sí mismos; a veces son egoístas que persiguen tanto el ganar la carrera, como a la liebre.

Nos cuentan los cazadores observadores que los hay que están enseñados a cazar en grupo y a compartir la captura de la pieza con los demás. También nos cuentan que hay galgos, que se pasan de rosca, se ciegan en su carrera, a veces pueden estrellarse contra una piedra kilométrica o con la boca de alguna alcantarilla; otros son más prudentes y saben hacer los cortes acertado a la liebre como dice Julián Arenas templando, mandando, parando. El galgo en época de veda se transforma en un perro de capricho o de lujo, de esos que sacan los señoriítos a pasear. En estos períodos, el perro se convierte en algo innecesario, que pasa las horas tomando el solo que se refugia junto a la chimenea sin preocuparse de guardar la casa. Es un perro que no sirve para guardar las ovejas correr la vacas o ladrar en la puerta. Eso sí, es un perro muy noble, que está ajeno a los trabajos ordinarios, tan sólo preocupado por el arte noble de la caza.

Este otoño lluvioso y benigno para el campo, propicio para hacer una buena sementera, ve como se desploman las hojas y los frutos y anuncia el invierno. En una mañana soleada, que disolvía el frío de la estación, alta en su azul. "El Tomillar", "El Guijar", "Las Majadas"..., Pagos en nuestro término municipal de Bercial, en la Moraña para unos y tierra de Arévalo para otros, aparece una explanada de ocre barbechera, una gran tierra de muchas tierras aradas. Varios cazadores la peinaban con sus galgos, que iban primero olfateando la presa, alejándose de sus dueños. Saltaba la liebre, ligera, llena de su gracia y de su fuerza. Cada galgo sabía su oficio, la carrera y el quite oportunos. Corría la liebre en su libertad de campos. Los galgos la seguían y la cortaban. Tierra de tierras en "El Tomillar", "El Guijar", "Las Majadas". Más allá, suaves ondulaciones, laderas, cerros y tesos. . Bruno Coca Arenas.


Bercial de Zapardiel a 22de octubre de 2002