Bruno Coca Arenas
La fotografía es primitiva. No, no lo es la técnica con que se produce, aunque ya tiene más de un siglo, sino su resultado que es una imagen fija que, sin embargo, nos permite escudriñar, observar, valorar, sorprendernos, molestarnos, emocionarnos y por fin, tomar postura frente a lo que vemos.

Juzgar y tomar decisiones a través de la visión forma parte de lo más profundo de nuestra herencia genética, cuando la vista, el oído y el olor eran los únicos elementos de juicio para sobrevivir que tenía el ser humano. Además la fotografía, con sus múltiples facetas técnicas nos permite ver aquellas cosas que nuestros sentidos no son capaces de alcanzar y por ello el primate evolucionado que llevamos dentro nos lo agradece con su curiosidad infinita.

Cuando vemos cualquier fotografía del patrimonio natural o cultural, sin duda nuestro cerebro va en busca de la imagen y, tras ella, del mensaje que quiere comunicar. Pero también es importante que pensemos en el fotógrafo o fotógrafa que hicieron la instantánea, en lo que madrugaron o lo que tardaron en llegar a casa ese día, en los kilómetros que debieron de recorrer en su coche o en otro medio de transporte, en los cercados y vallas que tuvieron que sortear, en el polvo, la suciedad y la mugre de los lugares que visitaron. No son reporteros de guerra al uso, pero sí los fotógrafos de un conflicto silencioso, el que libramos porque no se destruyan los testimonios más valiosos de nuestro pasado natural y cultural, antes de que el tsunami inmobiliaria o el de la contaminación, o cualquier otra desgracia, se los lleve por delante.

La fauna, la flora, los edificios históricos. La mayoría de las gentes que hemos nacido y crecido en un pueblo de la meseta o de la montaña, entendemos a la naturaleza, la respetamos, trabajamos para conservar este rico patrimonio para legárselo a las generaciones venideras. Juntos, la naturaleza y la herencia cultural, han esculpido el rostro de nuestra tierra, sus paisajes naturales, sociales y humanos, también su fisonomía económica, en definitiva, toda su historia pasada y contemporánea. Por eso nuestra visión en este terreno es privilegiada y experta. Estamos acostumbrados a ver estos testimonios y estos paisajes pero no estamos inoculados por la desidia y el olvido y sabemos apreciar su valor.

Esta exposición Fotográfica dedicada a las cigüeñas representa una buena ocasión para comprobar la pasión y el cariño hacia nuestro patrimonio natural. Unas veces mostrado por el fotógrafo amante circunstancial o esporádico de este patrimonio, otras, por el amante de la historia de la naturaleza que se echa al hombro la cámara porque está harto de que nadie conceda valor a aquellos importantes testimonios del pasado o, porque han quedado cautivado de la extraña belleza del lugar. Da igual, sea por pasión o por oficio, el resultado es fruto de la convicción y por ello siempre es bueno.

Un saludo.

Bercial de Zapardiel, 22 de septiembre de 2009

   
 

Reportaje Fotográfico.
"Torreón de los Guzmanes" Diputación de Ávila
(154 FOTOGRAFÍAS. 65 Mb) TIEMPO 28 min.


Montaje, inauguración y visitantes
TORREÓN DE LOS GUZMANES (ÁVILA)
(75 DIAPOSITIVAS.30 MB) Duración: 14 minutos

Montaje, inauguración y visitantes
Exposición fotográfica de MAELLO (Agosto 2009)
(55 diapositivas. 15 Mb) Duración: 10 minutos

Reflejo en la prensa ESCRITA. (PDF)

   
   

Cuadros del proceso y desarrollo biológico de las cigüeñas. (PDF)

   
         
   

Numeración de 62 fotografías, con los datos de las tomas. (PDF)