VERANEAR EN UN PUEBLO DE LA MORAÑA
En los últimos años
ha descendido el número de personas que acuden a pasar
sus vacaciones en nuestros pueblos. Esta es la queja que manifiestan
las gentes de la Moraña y las de la zona de la sierra de
Ávila es decir, las de aquellas comarcas que no cuentan
con las típicas características de naturaleza exuberante,
como el Valle del Tiétar o el del Alberche. Hasta hace
muy poco tiempo, veranear en el pueblo era la única opción,
y por supuesto la más económica (estaba garantizada
la pensión completa en casa de padres y familiares), que
durante décadas han utilizado las personas del pueblo que
un día se vieron obligados a emigrar a la ciudad para trabajar.
Esta era la clientela que llenaba los pueblos en el verano de
alegría, bullicio y vida. El descenso de veraneantes puede
coincidir con la mejora de las condiciones económicas generales
lo cual, a su vez, ha contribuido a aumentar el poder adquisitivo
de la mayoría de estas personas. Esta nueva situación
ha facilitado que quienes hasta hace poco pasaban todas sus vacaciones
entre nosotros ahora fraccionen el período de descanso
endos partes: quince días los emplean en ir a la playa
o a la montaña y el resto los pasan en sus pueblos de origen.
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Alfredo, Marino, Luis Miguel, Castor, Manolo, Quinti,
Macario, Doroteo, ramón.. En el parque de los cantones.
1997.
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Es importante para quienes vivimos en estos pueblos que se detenga
esta tendencia a la deserción por parte de los hijos del
pueblo y por la gente que simpatizaba con nuestro entorno y formas
de vivir. Nuestros pueblos siguen ofreciendo a las personas agobiadas
por la vida urbana un lugar cercano a su ciudad, con poco ruido,
con bares y terrazas tranquilos. Estas localidades morañegas
están a un tiro de piedra de lugares emblemáticos
de nuestra historia (Madrigal, Arévalo, Fontiveros
)
que poseen monumentos excepcionales y un urbanismo de gran personalidad.
Además de estos puntos, toda la comarca está llena
de pueblos que conservan una arquitectura tradicional perfectamente
adaptada a las condiciones geográficasdel medio. No faltan
los elementos singulares que llenan de orgullo a los vecinos (iglesias
mudéjares, castillos, ermitas
). A este enorme caudal
de patrimonio histórico cultural hay que añadir
las modernas instalaciones deportivas y recreativas que por todas
partes han ido surgiendo en los últimos años.
Es cierto que nuestra naturaleza no tiene la vegetación
y la exuberancia de otros lugares de la provincia. Esta circunstancia
ha hecho que la Moraña hasta ahora no haya sido considerada
como un destino turístico preferente, lo cual en cierta
manera supone una ventaja ya que no existe el peligro de que estos
pueblos acaben masificándose en el verano (como ocurre
con algunos del sur de la provincia), que sería lo peor
que les podría pasar ya que su vocación es la de
convertirse en un lugar de descanso y en segunda residencia.
Quienes tenemos responsabilidades públicas
tenemos que convencernos de que si nos empeñamos en buscar
atractivos los vamos a encontrar porque los tenemos. Tan sólo
debemos ser humildes y ponernos al nivel de la tierra y observar
la inmensidad de la Moraña, con sus cambios de tonalidades,
del verde intenso de la primavera -convertido a veces en un mar,
con sus mieses moviéndose como olas- al color ocre del
verano, con sus rastrojos amarillentos que se pierden en el horizonte
perfilados por la canícula del verano castellano y el cantar
de las chicharras. Podíamos añadir las noches de
cielos rasos, estrellados y limpios.
Sin ir más lejos, Bercial es un buen
lugar para pasar el verano.
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Pastando en El Tomillar. Primavera de 2002
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Es difícil encontrar lugares en los
que a cualquier hora del día puedas pararte en la calle
a echar una parrafada con cualquier vecino que pase, por ejemplo,
en el esquinazo de la Sra. Eugenia o en la Fragua.
Quien no se haya subido al cantón de la Cencebrona (825
metros sobre el nivel del mar) para ver y contar todos los pueblos
que desde allí se divisan y admirar el espectáculo
que nos brinda la estepa castellana, con su sutil y variada gama
de colores según la estación del año; quien
no haya disfrutado del olor a rastrojo, después de una
tormenta de verano; quien no se haya parado a escuchar en las
tranquilas noches de verano el croar de las ranas, el cantar de
los grillos o el zumbido de las cigarras; quien no se haya dispuesto
a mirar el cielo estrellado o la luna llena en las noches de verano;
quien no se haya sentado al fresco nocturno en alguna de las tertulias
de las calles
no sabrá nunca lo que es disfrutar
del verdadero descanso.
Quien ha pasado por nuestro pueblo y se ha quedado algún
tiempo en él, siempre que ha podido ha repetido la experiencia.
Aquí hay tiempo para comer y beber bien, para montar en
bicicleta, para pasear por los campos
Aquí se puede
dormir plácidamente, más que durante todo el año.
Nuestras gentes tienen fama de ser afables y entregadas.
Por Bercial han pasado muchos transeúntes, por motivos
de trabajo o personales. Recientemente podemos citar a los trabajadores
de la empresa que instaló el tendido eléctrico,
a los que pusieron el agua, los de las básculas, los maestros
y funcionarios, etc. A todos ellos les quedó un poso de
gratitud, por el que jamás olvidarán a nuestro pueblo.

Las siegas. 24-6-01
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Lunes de Aguas. 2002
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Estamos obligados, los que tenemos alguna responsabilidad pública
y política, a trabajar en la construcción de unos
pueblos más atractivos, generando posibilidades de trabajo
a los jóvenes, ofreciendo una mayor y mejor oferta cultural
y deportiva, promoviendo el respeto al patrimonio arquitectónico
tradicional, haciendo que nuestros pueblos sean cada vez más
hermosos y habitables y dotándoles de nuevas zonas verdes.
Es preciso recuperar y reactivar nuestras tradiciones, en especial
durante todo el período estival. De esta forma, quienes
dejaron de venir seguramente regresarán periódicamente
a nuestros pueblos para disfrutar de todas las ventajas que ofrece
la vida en el campo, en pleno contacto con el medio natural. Con
su venida recuperaremos aquellos veranos llenos de vida y de viejas
amistades anualmente renovadas y se reforzará el empeño
que algunos tenemos por reivindicar el modo de vida rural. Bercial
de Zapardiel, 30 de julio de 2002
Bruno Coca Arenas