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EL
PUEBLO Y EL CAMPO QUE QUEREMOS
Paseando por las calles limpias y cuidadas de Bercial, uno se puede
sentir vinculado con el pasado más remoto y con el futuro
más próximo: en el mismo lugar donde hoy se siega
con cosechadoras aparecieron restos de hoces de la época
visigoda. Ese pasado remoto de los visigodos que dejaron aquí
sus hoces, fue el futuro lejano de aquellos otros pobladores de
la época del bronce, de la misma forma que nuestro presente
lo fue de los visigodos. En esta línea de tiempo, que algunos
consideran tan veloz que no existe el ahora (pues cuando se pronuncia
es ya sólo la memoria de una hora que fue y ha dejado de
ser), conviene recordar las ideas de un escritor quien sugería
que el presente no es tan estrecho como el filo de un cuchillo,
sino que tiene la suficiente anchura como para que nos permita encararnos
simultáneamente con el pasado y el futuro. En nuestro querido
Bercial, con un pie en cada una de las orillas del seco Zapardiel,
tal vez el tiempo sea una inmensa vid que crece en tantas direcciones
como puede.
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Segando
garbanzos. Fidel y Floro Rodríguez.1996
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Somos conscientes de que es muy difícil mantener nuestro
entorno inmaculado, no podemos meter a nuestro pueblo entre cristales.
Hoy en día, es una realidad evidente que en el campo la cultura
rural ya no es tal al cien por cien, es decir, que ha desaparecido
en los últimos años la línea hasta ese
momento infranqueable que separaba el mundo urbano de la sociedad
rural tradicional; al haberse reforzado en las últimas décadas
las relaciones comerciales y humanas, se ha producido un deseo o
anhelo un tanto confuso por convertir la ciudad en campo y viceversa.
En la actualidad el entorno rural, salvo algunas aldeas de la montaña,
ya no está aislado como en otras épocas oscuras de
la historia de España.
La mecanización y la implantación de nuevos tipos
de cultivos, junto con la mano de obra especializada para la realización
de estas tareas, ha contribuido a transformar la fisonomía
de los pueblos. Hoy en día existe mayor contacto con el medio
urbano, lo que ha contribuido a la formación, cualificación
y mayor información de los habitantes de los pueblos.
En mí constante búsqueda de claves, propuestas e
iniciativas para convencerme y con- vencer a los demás de
que nuestro campo y nuestros pueblos tienen futuro, he encontrado
aportaciones interesantes merecedoras de ser tenidas en cuenta que
como mínimo me hacen sentir esperanzado para no dejarme llevar
por la corriente del desánimo arraigado entre nuestras gentes.
Hace unas semanas se celebró en Ávila un Congreso
de Desarrollo Rural en el que se hicieron aportaciones estimulantes.
Afirmaba uno de los participantes, el Sr. García Fernández,
Director General de Desarrollo Rural de Ministerio de Agricultura
que los programas Europeos (LEADER y PRODER) forman parte de la
estrategia de Desarrollo Rural pero no agotan este concepto ya que
la Política Agraria Comunitaria sólo parte de la Política
Agraria de un Estado -a la que señaló como Política
Nacional (PAN)- cuyo objetivo fundamental es conseguir una agricultura
competitiva.
Dijo que como objetivo de la PAN debe buscarse una agricultura
respetuosa con el medio ambiente y que sea multifuncional, es decir,
que no sólo se centre en la producción agraria, sino
que esté íntimamente ligada a otros procesos que tienen
lugar en el medio rural, lo que significa que la agricultura no
puede ser la única fuente de empleo en el medio rural. Partiendo
del hecho de que el territorio español, por razones ambientales
y de ámbito territorial, no puede ser un desierto humano,
sostuvo que hay que tender a que la gente que abandone la agricultura
no tenga también que abandonar el medio rural para lo que
hay que establecer unas estrategias territorial izadas con un horizonte
territorial concreto. Esto debe descansar sobre dos pilares fundamentales:
El primero es la política de producción y de mercados
íntimamente ligada a las políticas de la PAC, y el
segundo es el propio Desarrollo Rural.
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