Artículo. Publicado en el Diario de Ávila del día 9-12-03

 

IMAGlNACIÓN y FRESCURA

Bruno Coca Arenas

La imagen bucólica, tan usual antes en un pueblo, y que cada vez se ve con menos frecuencia, que nos muestra la escena, a la que tuve la suerte de asistir, viendo cómo dos chavales de Bercial jugaban en el suelo a la construcción de un pueblo con de todas la infraestructuras-corrales, dependencias para el cuidado y la cría del ganado. Incluso tenían tierras labradas cuyos surcos los habían trazado con sus propias manos. Intentaban imitar la actividad y el ciclo vital de una sociedad agraria. Para este juego tan solo utilizaron: palos, trozos de teja, tierra, alguna lata "morroñosa" y otros elementos de la naturaleza. Esta escena nos viene a demostrar que los videojuegos y otros juguetes sofisticados no se han implantado de forma generalizada pudiendo afirmar que los juegos modernos no han ganado la batalla, y que los niños de nuestros pueblos a pesar de la invasión de estos sigan con la misma frescura y creatividad que siempre ha caracterizado a los niños de las zonas rurales.

Esta imagen esperanzadora, de los niños jugando de forma sencilla con los objetos y materiales (cantos, palos, hiervas de todo tipo), que la madre naturaleza pone al alcance de su mano, nos hace conservar la esperanza de que el ser humano contemporáneo, sí se lo propone, no tiene por que convertirse en algo grotesco cargado de objetos innecesarios, atrapados por la televisión, estresado, sólo convertido en producto típico de nuestro mundo.

Cada día es más preocupante ver como aumenta la panoplia infantil y juvenil de los ordenadores, videojuegos, violencia y sexo en la televisión. Si a esto añadimos la inseguridad que florece entre los niños y juventud en el entorno de las grandes ciudades junto a la problemática familiar, social, y económica específica de las zonas urbanas, genera vacío y desafecto en los niños que viven en estos entornos. Estos elementos causan una inseguridad que actúa negativamente ante cualquier estímulo externo, desde el fútbol, a los juegos de ciencia-ficción en tres dimensiones, desde la religión a la política. Un vacío que se llena de fanáticos, enganchados a cualquier cosa; rezadores, jugadores y agresores, o en enganchados a sí mismos en la soledad de los pisos urbanos, conventos del nuevo desorden amoroso.

Los chavales que viven todavía en nuestros pueblos tienen la gran suerte de no estar sometidos al ritmo sistema y avatares de la vida en las ciudades. Si bien en un pueblo no es garantía plena para caer en los mismos problemas que afectan a los niños en las ciudades. Debemos apuntar que vivir en los pueblos entraña tener otros inconvenientes, que son compensados con las ventajas que nos ofrece el vivir en un entorno natural, donde todavía se puede acceder a una libertad individual en este mundo fragmentado, diverso y confuso que es el nuestro.

El día de mañana nuestros hijos que habrán pasado su niñez en el pueblo, nunca olvidarán estos primeros años de su vida ya pesar de que por los avatares de la vida, tengan que irse a vivir a una gran ciudad, siempre podrán llevar a gala el ser y haber nacido en un pueblo. Y, como ahora hacemos sus mayores, podrán ejercer de <ser de pueblo>.

No tengo complejo alguno en reivindicar la cultura y la identidad rural, en estos tiempos en los que cada vez tiene que emigrar más gente de nuestros pueblos en dirección a las ciudades industriales, teniendo que amoldarse más que adaptarse, al sistema de vida y costumbres de su nuevo lugar de residencia, llegando a perder a veces su propia identidad. Y puedo afirmar, con total convicción, la importancia e influencia que ha tenido en mi vida, y creo que en la de otros muchos, el haber crecido en un pueblo como un elemento diferenciador en la misma. Esa época feliz de mi existencia, ha marcado mi forma de ser, de actuar y de ver las cosas.

Bercial de Zapardiel a 27 de noviembre de 2003