Artículo publicado en el Diario de Ávila, el 19 de marzo 2003
 

 

Hijos ayer, padres hoy

Bruno Coca Arenas

En esta sociedad cada día más insolidaria, es más evidente lo que nuestros padres hicieran por nosotros en unos tiempos en que la solidaridad significaba sacrificio, entrega y sobre todo amor.

Cuando eres niño vives en un mundo idílico en el que tan sólo cuentan tus juegos y fantasías, pues la protección la tienes asegurada con tus padres. Al llegar a la adolescencia y juventud -verdadera encrucijada de la vida- entramos en una etapa en la que se forja nuestro carácter y personalidad. Estos años son los que marcan, tal vez, la etapa más problemática en las relaciones con nuestros mayores. Ellos intentan educar, moldear, orientar, etc. Los jóvenes, para no desmentir la naturaleza, están en un constante y radical enfrentamiento contra los viejos moldes, luchando por una identidad propia y por la liberación de los lazos paternos.

La vida va quemando etapas y los que un día fuimos niños, adolescentes, jóvenes, adultos, hoy ya somos padres con hijos.

El ciclo que uno ha vivido se va repitiendo de forma inexorable en tus mismos hijos. Es emocionante comprobar -si eres un poco observador- como puedes descifrar multitud de incógnitas que nunca llegaste a descifrar, hablando solamente con tus hijos.

Hay algunos desaprensivos que sostienen la tesis de que no debemos nada a aquellos a quienes nos trajeron por su voluntad a este mundo.

No podemos negar que esta teoría empíricamente, sea acertada. Podemos pensar que estas personas están deshumanizadas, o yendo más allá, deducir que su relación en el entorno familiar no haya estado sujeta a los cánones normales que todos hemos disfrutado.

Los que hemos tenido unos padres de ésos que son la mayoría, que se quitan como se dice popularmente lo que tienen en la boca para dárselo a sus hijos, debemos de decir que no tendremos tiempo en nuestra corta o larga vida para expresar nuestra gratitud por una vida ejemplar a nuestro servicio. Tal vez algunos sentimientos que expresamos en estos momentos sean de "Perogrullo" y que sean moneda de tan corriente uso que no tengan interés en hacerse públicos. Si he considerado hacerlo así es porque en nuestra sociedad rural en la que tenemos un índice elevadísimo de personal de la tercera edad, parece que están empezando a tambalearse los valores de respeto y de veneración que durante siglos hemos tenido hacia los ancianos.

Se quejan nuestros mayores, de que ya no se les escucha como antes, ya no se tienen en cuenta sus consejos, cada día, en definitiva, se les respeta menos, cada día se les aparta más de la sociedad.

No sé si es ley de vida que cuando tienes hijos y compruebas lo que eres capaz de hacer por ellos, entiendes lo que los tuyos hicieron por ti. Por eso cuando eres adulto entiendes el amor creciente que sientes por tus padres, a medida que van haciéndose mayores, intentas estar con ellos el mayor tiempo posible, para seguir disfrutando de su amor y de su cobijo.

A ellos que forjaron nuestro presente, después de trabajar toda una vida para darnos lo mejor; les debemos como mínimo gratitud.

Bercial de Zapardiel a 14 de marzo de 2003