Hijos ayer, padres hoy
Bruno Coca Arenas
En esta sociedad cada día más insolidaria,
es más evidente lo que nuestros padres hicieran por nosotros
en unos tiempos en que la solidaridad significaba sacrificio,
entrega y sobre todo amor.
Cuando eres niño vives en un mundo idílico
en el que tan sólo cuentan tus juegos y fantasías,
pues la protección la tienes asegurada con tus padres.
Al llegar a la adolescencia y juventud -verdadera encrucijada
de la vida- entramos en una etapa en la que se forja nuestro carácter
y personalidad. Estos años son los que marcan, tal vez,
la etapa más problemática en las relaciones con
nuestros mayores. Ellos intentan educar, moldear, orientar, etc.
Los jóvenes, para no desmentir la naturaleza, están
en un constante y radical enfrentamiento contra los viejos moldes,
luchando por una identidad propia y por la liberación de
los lazos paternos.
La vida va quemando etapas y los que un día
fuimos niños, adolescentes, jóvenes, adultos, hoy
ya somos padres con hijos.
El ciclo que uno ha vivido se va repitiendo de forma
inexorable en tus mismos hijos. Es emocionante comprobar -si eres
un poco observador- como puedes descifrar multitud de incógnitas
que nunca llegaste a descifrar, hablando solamente con tus hijos.
Hay algunos desaprensivos que sostienen la tesis
de que no debemos nada a aquellos a quienes nos trajeron por su
voluntad a este mundo.
No podemos negar que esta teoría empíricamente,
sea acertada. Podemos pensar que estas personas están deshumanizadas,
o yendo más allá, deducir que su relación
en el entorno familiar no haya estado sujeta a los cánones
normales que todos hemos disfrutado.
Los que hemos tenido unos padres de ésos
que son la mayoría, que se quitan como se dice popularmente
lo que tienen en la boca para dárselo a sus hijos, debemos
de decir que no tendremos tiempo en nuestra corta o larga vida
para expresar nuestra gratitud por una vida ejemplar a nuestro
servicio. Tal vez algunos sentimientos que expresamos en estos
momentos sean de "Perogrullo" y que sean moneda de tan
corriente uso que no tengan interés en hacerse públicos.
Si he considerado hacerlo así es porque en nuestra sociedad
rural en la que tenemos un índice elevadísimo de
personal de la tercera edad, parece que están empezando
a tambalearse los valores de respeto y de veneración que
durante siglos hemos tenido hacia los ancianos.
Se quejan nuestros mayores, de que ya no se les
escucha como antes, ya no se tienen en cuenta sus consejos, cada
día, en definitiva, se les respeta menos, cada día
se les aparta más de la sociedad.
No sé si es ley de vida que cuando tienes
hijos y compruebas lo que eres capaz de hacer por ellos, entiendes
lo que los tuyos hicieron por ti. Por eso cuando eres adulto entiendes
el amor creciente que sientes por tus padres, a medida que van
haciéndose mayores, intentas estar con ellos el mayor tiempo
posible, para seguir disfrutando de su amor y de su cobijo.
A ellos que forjaron nuestro presente, después
de trabajar toda una vida para darnos lo mejor; les debemos como
mínimo gratitud.
Bercial de Zapardiel a 14 de marzo de 2003