Por Bruno Coca
 
  Casa antigua en la calle Paula López. /BC

Bercial de Zapardiel, como otros pueblos de Castilla, existe desde hace siglos, la primera referencia escrita esta datada en el 1250. Este año 2010, siete siglos después de su primera referencia escrita en la memoria histórica, ha dado, con sus fiestas patronales únicas en la comarca de Arévalo, una prueba más de “vida”, para demostrar que ahí está: resistiendo, firme al paso del tiempo y a todos los males que acechan a los pueblos pequeños; soportando estóicamente las embestidas de la despoblación, el abandono, la desidia galopante que acecha cada día a los pueblos pequeños de Castilla y León y de otras regiones de España. Bercial es un pueblo que existe, que no se resigna a ser, y menos a engrosar la lista de los pueblos que están en declive, en vías de extinción o ya desaparecieron. No, no nos resignamos a aceptar este destino. En Bercial permanecen en pie sus viejas casas de adobe, de ladrillo macizo y teja árabe; cargadas de años y de historia, la mayoría remozadas, revestidas con nuevos materiales que las harán soportar en mejores condiciones nuestro clima adverso y extremo para llegar al futuro. Conservando siempre su figura esbelta, austera, y su acogedor confort, tanto en invierno como en verano.

 
Casa antigua en la calle La Iglesia. /BC  

Acompañadas sus edificaciones con una excelente red de infraestructuras, que ahora, en el presente, y en el futuro, supondrán un acicate y atractivo especial para que las próximas generaciones que precederán a nuestros hijos se sientan atraídas para vivir en Bercial. Las calles (hoy de cemento y asfalto, en otros tiempos de tierra y canto rodado) siguen su vida acompasa con el tiempo que nos toca vivir. Somos deudores del legado de las gentes que hicieron historia antes que nosotros, que habitaron sus moradas y transitaron por sus calles; y, por supuesto, de los que hoy tienen el privilegio de transitar y habitar en el pueblo. Pero insisto: no acepto pertenecer al “Club” de pueblos (cada vez más si no se pone remedio), como nuestro vecino El Villar de Matacabras, que tienen en común el ver o conocer aquél día en el que alguien cerró la puerta de su casa, y la cerró para nunca más abrirla, y con su marcha el pueblo quedaba deshabitado, casas en soledad, calles en silencio, chimeneas sin humo…; solo les queda esperar el expolio, la ruina…, para doblegarse con el paso de los años ante la evidencia de que la naturaleza siempre, ¡siempre!, tiende a recuperar su sitio.

 
  El Villar de Matacabras. /BC

 

En Castilla, en la Moraña, es lamentable ver que son cada vez más los pueblos que languidecen día a día, que la gente se marcha, dejándolos casi deshabitados. Pero más lamentable es todavía el número de pueblos que viven su ocaso, que agonizan, que van a durar lo que duren sus últimos vecinos, muy ancianos ya y sin que nadie, en este caso los políticos y las instituciones públicas, pongan remedio o aporten un plan para salvar de su abandono a los pueblos que todavía resisten (no sabemos por cuanto tiempo). No, nosotros no pedimos para salvar nuestros pueblos un cementerio nuclear, queremos inversiones relacionadas con nuestro entorno natural, con el desarrollo sostenible, que sean capaces de preservar y compatibilizar las formas de vida y cultura rural tradicional con las nuevas formas de ver y vivir en la actualidad, que generen empleo y propicien el asentamiento de la población rural; objetivo fundamental éste a conseguir, si no queremos ver que los pueblos se cierran porque no queda nadie en ellos que les habite.

 

 
Panorámica de las calles de Bercial desde el Gallo de la torre. 2002. /BC  

Sirva este trabajo que aquí presento en forma de reportaje fotográfico, como una aportación más de mi cariño, entrega y compromiso con nuestro querido pueblo. Como mi grano para que la memoria de Bercial y de otros pueblos, si es posible, perdure en el tiempo para que llegue a las generaciones venideras. Porque está demostrado, que un pueblo no muere cuando mueren sus casas; un pueblo muere cuando es su memoria la que desaparece, cuando mueren sus raíces, cuando ya no tiene quien le llore. Y es hacia aquí hacia donde va nuestro esfuerzo, el de ahora, y el de siempre; desde el primer momento que tuvimos “uso de razón” y sentimos que pertenecíamos a un pueblo, que nuestro pueblo era Bercial.

 

 

 
  Varias de las quintas y el quinto de este año. 2001. /BC

Este reportaje fotográfico y el relato escrito que hoy presento en mi página web, es un homenaje vivo y sentido para todas y cada una de aquellas personas que a lo largo del tiempo, en algún momento, han dado y dan vida a nuestro pueblo. ¿Qué sería de una tradición como la celebración de la fiesta de San Blas, de los períodos del año: como el tiempo vacacional del verano, las navidades, Semana Santa, cuando el pueblo bulle de vida gracias a los mal llamados “veraneantes”; si los “hijos e hijas del pueblo”, sus hijos nietos y descendientes (la llamada geografía dispersa) no regresaran al pueblo, a su pueblo: a pasar sus vacaciones, a celebrar y acompañar en sus fiestas a sus familiares, a habitar las casas de sus padres o las suyas propias, para mantenerlas, mejorarlas; en definitiva, a hacer pueblo para impulsarle hacia el futuro? Seguro, que de no ser así, Bercial hoy día estaría a punto de cerrar la puerta y tirar la llave. Pero, queridos amigos, vecinos y ciudadanos de Bercial, de dentro y fuera de su término municipal, esto no ha sucedido ni sucederá en mucho tiempo pues seguiremos con marcha para asistir a muchas fiestas de San Blas como la de este año 2010. Fiesta patronal, ésta, nuestra, única y excepcional. Y digo, única, porque es la fiesta de todas las que se celebran entre los meses de octubre a marzo, de entre todos los pueblos de nuestro en torno, y de toda la Moraña, que todavía sigue viva y con pujanza.

 
Los quintos en la escuela de Bercial. 1996. /BC  

Fiestas como la de San Nicolás (6-12) en Madrigal; Santa Lucia (13-12), en Rasueros; San Julián, en Horcajo (9-1), o los carnavalesen Cabezas del Pozo, se celebran hoy día de forma testimonial o han desaparecido definitivamente. Pero lo que sucede en Bercial con su fiesta, no sucede por casualidad ni es fruto de la providencia. Es el resultado del empeño de sus habitantes, y sobre todo, de su perseverancia. Y yo diría más: del amor que profesan a su pueblo todos los Bercialeños ausentes que residen desperdigados por toda la geografía de España. Año tras año reservan y programan sus días libres o de vacaciones para no faltar a su cita con San Blas. Un San Blas, como el de este año 2010, que se ha celebrado en miércoles. Pero, no sólo vienen ellos desde sus lugares de residencia: Madrid, Cataluña, Málaga, Soria, Bilbao, Valencia, Valladolid, etc… sino que con ellos, en muchos casos, se traen a sus hijos e hijas, para lo que deben de solicitar, cuando los chicos son menores, un permiso especial para sacar del colegio a los niños. Aquí está una de las claves, una de las explicaciones del porqué nuestra fiesta sigue viva; y, que además, esté garantizado su futuro. Sirva este modelo, como muestra del resultado positivo que supone, a largo plazo, la inversión de traer al pueblo a los hijos desde niños. Pongo un ejemplo gráfico y testimonial que he presencia con emoción y cariño en el desarrollo de todos los actos de la fiesta. He visto a un quinto, Miguel Ángel (hijo de Loli, nieto de Leocadia y Nico), con qué fuerza e intensidad ha vivido la fiesta.

 

 

 
  Pablo y Carlos, San Blas de 2003. /BC

Es de la misma edad de mi hija María, por eso le recuerdo cuando venía de niño con sus padres a pasar el verano al pueblo. No vean, cómo ha participado en los festejos tradicionales, como protagonista más en todos los actos. Viéndole parecía que me estaba viendo a mí mismo hace 32 años. Vamos, que lo ha vivido con la misma intensidad que si hubiese nacido y crecido en Bercial. Ahí está para demostrarlo el testimonio fotográfico, donde se le ve participando de forma activa: poniendo las pintadas, en la cena de los quintos o tocando las campanas. Había que verle con qué empeño, con qué fuerza tocaba las campanas el día de las Vísperas, despellejándose las manos sobre el yugo de la campana para impulsar el volteo. Pero el momento más intenso y emocionante al que asistí fue, sin lugar a dudas, a la salida de San Blas por la puerta sur, cuando este joven, junto a Francisco y las quintas, lanzaron al aire un atronador: ¡¡VIVA SAN BLAS!!, ¡¡VIVAN LOS QUINTOS!, al que respondió al unísono todo pueblo concentrado a la salida.

Como digo, y no me canso de repetirlo, me siento orgulloso de compartir mis orígenes de Bercialeño, y quiero rendir un sentido homenaje a todos aquellos amigos, familiares o paisanos empadronados, habitantes y residentes de Bercial, pero de forma especial a los que residen fuera, que contribuyen año a año, con su presencia física o en el recuerdo, con sus inversiones (en la construcción o mantenimiento de casas y edificios), con el pago de impuestos y, conservando su empadronamiento en muchos casos, a HACER PUEBLO, para que Bercial siga VIVO.

Va por ellos.

Bercial de Zapardiel, a 8 de marzo de 2010

 
  San Blas de 2003. /BC
 
  Panorámica desde el Gallo de la torre. /BC

 


 

 

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