Por Bruno Coca

 

 

 
  María Coca y Miguel Ángel. /BC

El día uno de febrero, en el umbral de la noche, recorren las calles del pueblo las quintas y quintos (hace unos años sólo ellos) en compañía de un nutrido grupo de jóvenes: los que entraron en quinta el año anterior y los que entrarán al año siguiente. Colocan sobre el pavimento de las calles y las paredes las características “pintadas” (los “carteles”, como los llamábamos nosotros) con sus nombres, vivas a San Blas, el año de su quinta, y alguna que otra frase ocurrente como testimonio de la celebración y paso de su quinta por el pueblo. Todo el recorrido se hace acompañado y envuelto con algún que otro cántico, el siseo y estallar de los cohetes, con el sonido estridente del aporreo sobre un bidón, u otro tipo de trasto viejo al que se le pueda arrancar el mayor ruido posible, para hacer notar su presencia en la calle.

 
Pintadas de la quinta del 78 y otras.  

 

 

Este año dos mil diez, a las siete de la tarde, cuando la noche hace acto de presencia y se encienden como luminarias los focos del alumbrado público, se concentraron frente a la fachada de la casa de María Coca las quintas/os de este año que en ese momento estaban presentes en el pueblo: Judith, Bárbara, María, Francisco y Miguel, y, junto a ellos, todo el acompañamiento: María y Tiburcio Rodríguez, Jonatan Zurdo, Carlos Díaz, Laura Pérez, Sara García, Antonio, Pedro Jimeno, Pablo Velázquez. Sobre el hormigón, María, muy bien pertrechada de brocha gorda en ristre y guantes en sus manos, inaugura de forma oficial la noche de las “pintadas” 2010. Moja su brocha por primera vez en un bote de pintura “titán lux”, y procede, con solemnidad, a estampar su personal pintada, la primera de la noche: con su nombre, el de sus compañeros quintos/as, y el año de la efeméride, 2010.

Las pintadas de otros tiempos

 
  Quintas/os y acompañamiento. /BC.

(Recuerdo que mi quinta -la de 1978- fue la primera que utilizó, como novedad, la pintura en spray para poner los “Carteles”. Método que ha dado muy buenos resultados, pues, después de 32 años, todavía se pueden ver las pintadas de aquel período en algún edificio (se puede observar una en la panera Castor García, en la plaza). También realizamos algún que otro esbozo de graffiti, con connotaciones sociales o alegorías extrañas, que, seguro, la gente del pueblo no entendió. Los quintos de aquel año, como miembros de la generación de la transición (fue el año que se aprobó la Constitución) estábamos, alguno de nosotros, a pesar de nuestra juventud (19 años), inmersos en la actividad política, por eso intentamos con mucha ilusión y al mismo tiempo ingenuidad, dar otro sentido o mensaje a los “Carteles” de entonces, cambiando el contenido de alguna de las frases tópicas y tradicionales de toda la vida.)

 
Judith, Bárbara y María. /BC

 

 

Después de finalizar las pintadas frente a la casa de María Coca, el grupo de muchachos/as se traslada con todos los bártulos a la Plaza de San Blas, un lugar muy apropiado y extenso para colocar pintadas de mayor tamaño. En esta plaza se vieron obligados a barrer con un cepillo la arena que estaba sobre los espacios donde iban a colocar las pintadas. Pude observar, así mismo, que la cantidad de pintura que llevaban es posible que no les llegara para poder realizar todas las pintadas de la noche, pues su proyecto, en ese momento, era ponerlas frente a la casa de los siete quintos/as.

Continuamos el trayecto pasando por viejo depósito de agua, sito en la Plaza de los Niños. Un edificio, éste, junto a la panera de Alejandro Velázquez, muy utilizado por los quintos en los últimos años para colocar sus pintadas. Junto al depósito, y en la calle Real, está la casa de los abuelos de Miguel Ángel Memgs, donde (aquí sobre el asfalto) se rotularon de nuevo las mismas frases y consignas. Avanzamos por la calle Real hasta llegar a la plazuela de El Bajo donde está ubicada la casa de Bárbara Zurdo. En este lugar, alumbrados por la intensa luz del foco situado en la plazuela, como la casa de esta quinta está situada en el número 1 de la calle Cantarranas, y esta calle es muy estrecha, tuvieron que realizar el dibujo de las letras en la cuesta de la plazuela.

 
  Francisco y Pedro Jimeno, Miguel Ángel. /BC

Cuando transitaban por la calle Medina, en dirección a la casa de la siguiente quinta, hicieron una parada en el Salón del Antiguo Concejo (a petición del fotógrafo que suscribe estas líneas). Delante de su puerta, y como fondo la fachada, les hice una fotografía para inmortalizar ese momento ante uno de los edificios más emblemáticos y con más historia de nuestro pueblo. Reanudamos la marcha en dirección a la calle Huertas. En este trayecto hicimos un alto en la Plaza (calle Medina), enfrente de la panera de Castor. En ese lugar, sobre el suelo, María Coca puso una nueva pintada.

En la calle Huertas se encuentra la casa de Judith; junta a su puerta, ella, Bárbara, y otros muchachos sentados o de rodillas sobre el suelo colocan y personalizan su pintada. Al mismo tiempo: Miguel Ángel, Jonatan y María se empleaban a fondo para poner otras en los tapiales de la pared de la panera de Castor que linda con la calle Huertas. En esta panera, sobre la pared que da al sur (a la calle Huertas), y en su pared del norte, (a la calle Iglesia) todavía quedan vestigios muy visibles de multitud de pintadas, algunas de ellas con una antigüedad de entre 30 y 50 años, como testimonio gráfico indeleble de todos los quintos que sobre ella plasmaron su particular seña de identificación, con sus nombres y el año del evento. Allí está, como decía anteriormente, el rasgo inconfundible del paso de mi quinta, la del año 1978.

 
Bárbara Zurdo. BC/  

Cuando terminamos de pintar en la calle Huertas, todos los allí presentes, acompañados por el tarareo de su voz, cantan y bailan una jota castellana. Retomando de nuevo la calle Medina, la comitiva de quintas/os, y el acompañamiento, recalamos junto a la puerta de Francisco Jimeno (Antiguo Bar Los Kicos”). En este lugar es donde Kico se empleó a fondo, y, a pesar de que llevaba ya unas cuantas pintadas hechas, marcó unas letras de un tamaño considerable para que se pudieran ver desde cualquier lugar de la Plaza. Desde aquí se dirigieron a la calle Juego Pelota para rotular la calle enfrente de la casa de los abuelos de Patricia López. Y para finalizar, y como colofón a la noche de las pintadas o de la colocación de los carteles, se terminó el recorrido en la Plaza del Sol. Junto a la fuente, y frente de la casa de los abuelos de Arancha Jiménez, se dio por finalizada LA NOCHE DE LAS PINTADAS DE LAS QUINTAS Y QUINTOS 2010.

 

 

 
  Quintos de 1994
 
Quintas de 1995  
 

DATOS DEL REPORTAJE

Formato: Microsoft Office PowerPoint 2003

DURACIÓN: 9 m.

ESPACIO: 40 Mb

DIAPOSITIVAS: 72

NOTA: Bajar al disco duro y visionar

 

 

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