Por Bruno Coca

 

 

 
  María y Judith. /BC

LA CONGA

A las siete y media de la mañana todavía estaban repicando las campanas con fuerza. Junto al jardín de los cantones me encuentro con las quintas María y Judith. Las veo jadeantes y excitadas. Me dicen que llevaban tocando las campanas desde las 5.30 de la madrugada. Después de tomar aliento comentan que se dirigen al bar del salón donde en ese momento, y desde la calle, se siente un gran bullicio producido por los cánticos y algarabía de todo el personal que allí se encontraba presente, después de haber pasado toda una noche de juerga total.

Antes de que el día despeje la oscuridad de la noche, aprovecho para hacer varias fotografías de Bercial todavía en la oscuridad, con los focos alumbrando sus calles: la de Medina, plaza del Sol, el entorno del Salón Polivalente y los jardines. Esporádicamente veo pequeños grupos de jóvenes que pasan junto a mí, vienen del campanario; van cantando, se dirigen al Bar, lugar de concentración desde donde parte la Conga.

 
Arancha Jiménez. /BC  

A las 7,45, entran en el pueblo por la calle Medina, la Charanga de Arévalo “El Meneito”, grupo de músicos que lleva varios años amenizando la Conga y la procesión de San Blas. Después de descargar sus instrumentos de viento se dirigen al interior del Bar, donde entran acompañados por el clamor y una fuerte ovación que les dedica toda la juventud que allí se encontraba concentrado a esa hora, esperando su llegada como agua de mayo. Con dificultad se abrieron paso -no cabía ni un alfiler en el Bar- hasta llegar a la puerta que da acceso al Salón de Baile donde se colocaron para tocar sus instrumentos. La gente muy impaciente y excitada les pide que toquen unas piezas para ir calentando y desentumeciendo los músculos antes de empezar La Conga. En el Bar sigue entrando gente con pelucas, máscaras, las caras pintadas y todo tipo de trajes y ropajes. Como ya viene siendo habitual desde hace unos años, algunos estamos expectantes y con curiosidad para ver con qué disfrazad aparece y nos sorprende este año el amigo Gaudencio Rodríguez (“Cuqui” para los amigos). Y sí, nos sorprende, y lo hace portando un atuendo muy original. Simula con su disfraz el uniforme de un cosaco “Rojo” de la antigua URSS; al menos, a mí, así me lo pareció. Con los primeros compases de las canciones tocadas por la Charanga se desborda la alegría. Todo el mundo se pone a tararear las canciones, bailando con los brazos en alto y dando botes.

En cabeza Arancha Jiménez

A las ocho de la mañana, con puntualidad taurina para cumplir con el ritual, y en el ínstante que los primeros rayos de sol iluminan las calles para expulsar la oscuridad de la noche, se forma la primera fila con La Conga. En ese momento, como todos los años un poco mermada de número. La primera quinta a la que corresponde encabezar el pasacalles es, Arancha Jiménez, pues es en la casa de sus abuelos donde la Conga hará su primera parada. Después de ella, en el orden preestablecido -según los cánones locales de estos tradicionales pasacalles-, le preceden los quintos/as según el recorrido establecido. Como el trayecto desde el Bar a la Plaza del Sol es corto, los dirigentes de la Conga, para hacer tiempo, nos hacen dar una vuelta entorno a la manzana de casas entre la calle Iglesia y la Plaza del Sol, dando un par de vueltas a la misma. El convite estaba puesto en la casa de los abuelos de la quinta, Silverio y Emilia. Allí podemos tomar los primero “moros”, bollos de aceite, pastas, copas de anís, coñac, vino Málaga y alguna que otra bebida exótica. Como es la primera parada se ve a la gente que tiene resaca, que come con ganas, hay hambre, el estómago está vacío; pero no es de extrañar, porque muchos de ellos han estado toda la noche de fiesta, y a esas horas todavía no han probado ni un bocado. Hay que comer y beber, reponer energías para empezar la Conga con buen pie y no desfallecer hasta el final. Este año se prevé larga, para recorrer las casas de los siete quintos/as. En esta plaza los músicos tocan un par de piezas de baile para que la gente no pierda el ritmo.

 
  María Coca en cabeza de La Conga. /BC

En cabeza María Coca Jimeno

Después de todo este tiempo sin dejar de bailar al ritmo de los pasodobles con los que nos deleitó la charanga, a los primeros sones, cuando se sienten las primeras notas de La Conga, como si de un resorte se tratara, la fila se recompone de nuevo en la misma Plaza del Sol. A la cabezada, a partir de ese momento, se sitúa como un rayo María Coca, que, con una sonrisa de oreja a oreja (muy característica en su desbordante juventud) se dispone a vivir con intensidad, a disfrutar su momento de protagonismo, único e irrepetible como Bercialeña. Dieciocho años ha esperado para ver este momento. Dieciocho años que ha vivido en Bercial, ha ido a su escuela, ha pisado sus calles; dieciocho “San Blases” que ha vivido de forma intensa hasta llegar a este momento. Que me lo digan a mí que he sido testigo de esas vivencias. Revisando mi archivo fotográfico y de vídeo, veo a María Coca, desde niña, como siempre, con la misma alegría, con la misma permanente y perenne sonrisa que ha desplegado este año en la fiesta. Posando para mi cámara, con su actitud vital o dando luz e iluminado todas las fotografías que la he hecho desde el día que nació, un venturoso día, 18 de enero, de 1992. Veo cómo va subiendo puestos, año tras año, desde la cola de la Conga, cuando era un “renacuajo”, hasta que ha llegado el día 3 de febrero de2010, su año, para ocupar por una vez en la vida el primer puesto de protagonista. Por un corto, pero intenso espacio tiempo, se pone al frente de este tradicional pasacalles, hasta llegar a la casa de sus padre donde ha vivido y crecido. Pocos días antes de llegar San Blas me decía con cierta emoción: “no me lo puede creer, ya está aquí San Blas”.

 
Quintas 2010. /BC

De verdad (sin pasiones personales), es para dar gracias a la vida, el poder ver a un hijo o a una hija, al que has inculcado y transmitido durante años lo que uno siente por la fiesta, por las tradiciones de su pueblo, por su historia: sentir la misma ilusión, la misma emoción que sentimos nosotros en esos mismos momentos con 32 años de diferencia. Estoy convencido que todos los de mi generación han hecho ese mismo trabajo, y que hoy, gracias a esa insistencia, a ese tesón para transmitir nuestras tradiciones, de los que tenemos entre los cuarenta y los cincuenta, todavía quedarán años de celebración de quintas, de fiestas de San Blas con sus pintadas, sus cenas, vísperas, congas y procesiones.

Iniciamos la marcha con María a la cabeza. Tomamos la calle Medina y giramos a la derecha para enfilar la calle Iglesia. María Coca Jimeno marca con destreza sus primeros pasos, los más característicos del pasacalles, y con decisión tira de la fila. Con María al frente y la Conga estirada en toda su plenitud, en ese momento es cuando la cola estaba todavía en la calle Mediana y la cabeza llegando a la Plaza San Blas. Gustavo y David (directores) se esfuerzan, porra y látigo en mano, en alinear la fila para que nadie se desmadre; en este estado de despliegue llegamos a la Plaza de San Blas.

 
  José, Teófilo, Julio... /BC

Son las nueve de la mañana, el día se va abriendo paso. El Sol ilumina tímidamente las calles con su color amarillento, especial, de mañana invernal. Se ve reflejado sobre la casa Grande de la familia Rodríguez, perfilando sus rayos sobre ella, y proyectando sobre su pared las sombras de la panera (Ermita de San Juan) y de los tejados de las casas del otro extremo de la plaza. Se da un par de vueltas en círculo en la plaza de San Blas. Los músicos tocando en el centro, hasta que se hace una parada. Interpretan un par canciones a las que la gente responde bailando en parejas o en grupo. Reiniciamos la marcha, ahora ya por la calle San Juan. Giramos a la derecha por la de Los Comuneros. Los directores alinean la Conga junto a la casa de Clementina González, para termina desembocando en la calle Río. Con La Conga un poco deshilachada, en esos momentos continuamos por esta calle hasta llegar a la antigua caseta de la luz. Damos una vuelta a este emblemático edificio para regresar y hacer la tercera parada de la mañana ante mi casa, donde Marisol había montado un estupendo y surtido convite. Después de tomar aliento, los bailadores/as de la Conga y el cortejo de acompañantes, repostamos por segunda vez probando los bollos y bebidas que había sobre la mesa. Con el resuello recuperado, y con el tiempo de espera para que los músicos descansaran dejándolos que tomaran un merecido piscolabis, tocaron dos piezas, que todos los allí presentes bailaron con alegría y entrega.

 

En cabeza Miguel Ángel Memgs

 
  Miguel Ángel en cabeza de La Conga. /BC

Se recompone de nuevo la fila, y ahora, ya, con el quinto Miguel Ángel en cabeza, inicia su marcha a paso ligero. Los dirigentes la enfilan por la calle Río, pasando de nuevo por la antigua caseta de luz para desembocar en la Ronda de Los Segadores, fuera ya del casco urbano y bordeando a ambos lados las eras. El sol a estas horas luce espléndido, La Conga y la compañía han aumentado su número de forma considerable, ya somos multitud. A la izquierda, y como trasfondo de la marcha, vemos cómo lucen, cómo se muestran, las dos espléndidas y estupendas casas nuevas (construidas en lo que fueran la era del Sr. Victorio) de los hermanos García Redondo. Con la fila muy estirada, y el acompañamiento disperso por la Ronda, embocamos la calle Real. Y paso a paso, sin prisa, pero sin pausa, nos plantamos en la Plaza de los Niños. La Conga serpentea, se envuelve en el antiguo depósito del agua, cambia de dirección, retoma otra vez la calle Real, llega a la Plaza del Rincón, para dar otra vuelta más antes de llegar junto a la casa de los abuelos de Miguel Ángel, Leocadia y Nico, donde está instalado sobre dos mesas el convite de este quinto. Si en los dos primeros convites a la gente se la veía repetir, comiendo bollos o bebiendo por cuestiones de necesidad para matar el gusanillo de una larga noche de fiesta, en este tercero convite, una vez que se ha matado el apetito inicial, se ve que el personal se retrae, ya se come y se bebe con más precaución. Los músicos tocan de nuevo las piezas de rigor. En este lugar me marco un entrañable baile con mi hija María.

 
  Bárbara Zurdo. /BC

En cabeza Bárbara Zurdo Ajates

En la misma plaza de los Niños toma la cabeza de la Conga Bárbara Zurdo. Retomamos la dirección de la calle Real hasta que alcanzamos El Bajo para bajar por la calle Cantarranas. En esta calle, como es tan estrecha, La Conga se corta en varios tramos que se unen después de entrar en El Bajo. Los directores se ven obligados a emplearse a fondo hasta conseguir recomponerla. Continua su marcha por El Bajo, sube por la calle Medina hasta el Salón de Antiguo Concejo, da una vuelta de ciento ochenta grados para en caminar sus pasos hasta la fachada de la casa de Heraclio donde está dispuesto el convite de esta quinta. En el convite que nos había preparo Juani y Boni, destacan por su presencia las estupendas hojuelas que había en una bandeja, que hicieron las delicias de aquellos que tuvieron la fortuna de llegar al plato antes de que volaran. En este lugar –se puede ver en las fotografías- nos concentramos un gran número de personal.

 
Patricia López. /BC  

En cabeza Patricia López Rodríguez

Después de terminar las dos piezas entonadas por la charanga, tímidamente suena la primera nota de la Conga, cuando se siente, rápidamente se recompone la fila con los primero puestos que corresponde a los quintos del año y a los del año que viene de forma ordenada. En los siguientes puestos, y a estas alturas de la marcha, ya empiezan a verse ciertas mezclas por edades, por sexos. La gente se coloca donde puede y como puede porque el situarse corre prisa, si no quieres ser pasto de las “caricias” del látigo del director. A medida que se va andando, y los directores se relajan, el personal va retomando sus puestos por criterios cronológicos. Vemos cómo aquí se pone a la cabeza, Patricia, y detrás de ella Judit y Francisco, los siguientes que les toca el turno para encabezar La Conga. Avanzamos por la calle Real, pasando junto a la Iglesia parroquial. Este año nos ha extrañado que no se hiciera la tradicional pasada por las “gradas”. Tal vez no se haya hecho porque había bastantes quintos y se andaba escaso de tiempo. Pasito a pasito, compás a compás, dejamos a tras la plaza del Juego pelota, a la que previamente habíamos dado una vuelta entorno al centro y a su farola Fernandina, para llegar a las afueras de pueblo. Detrás de la Conga, y con el sol a sus espaldas, se puede ver una de las estampas más hermosas de estos pasacalles: La Conga toda estira, en su plenitud, de fondo la torre de la Iglesia, enmarcada en el hermoso cielo azul con el que el día nos obsequió. En el avance, y de frente, vemos el jardín de Las Adoberas, y a la izquierda, unos pasos más adelante, el futuro polideportivo. Con este avance entramos de lleno en la calle Río. El sol, como decía, exultante de fuerza y luz da de lleno en la casa de madera de José Rodríguez. Continuamos hasta llegar a la bocacalle de acceso a la del Juego Pelota. La marcha sube de nuevo hasta la Plaza del Juego Pelota, para regresar ante las puertas de la casa de los abuelos de Patria, Tiburcio y Jesusa. Paramos para tomar aliento, porque este trayecto había sido más largo que los anteriores, reponemos fuerzas acudiendo a tomar bollos y otros dulces a la mesa que Belén había puesto. Pasados unos minutos, oímos que las campanas irrumpen a sonar, primero tímidamente, para después, ofrecernos, una vez que se cogió el ritmo adecuado, un estupendo y emocionante toque de campanas. Todo el personal reunido a las puertas de la casa de Tiburcio alzó la mirada y, por uno minutos, siguió con la vista, el oído y con cierta emoción contenida, el movimiento y el sonar de las campanas. No ha sido muy habitual escuchar en el transcurso de la Conga este espectáculo. Como este año no estaba don Rufino las quintas/os: María, Judith, Bárbara, Miguel Ángel subieron a tocar, ayudados para arrancar la campana por Tiburcio y Jonathan.

 

 
 
Judith García. /BC

En cabeza Judith García García

Todavía, un poco impactados y sorprendidos por la sorpresa del inesperado toque de campanas, se forma La Conga por sexta vez en la mañana. Ahora es el turno de Judith, que presta ella, sin despistarse ni un solo momento del instante preciso de su turno de protagonista de cabeza de conga, rauda como digo, a la primera orden del director de la Conga y cuando escucho la primera nota, ya estaba puesta en cabeza. Había llegado su hora. Diecisiete años esperando ese momento. En los primeros instantes sonó la alarma, porque los quintos que habían subido a tocar las campanas no se habían incorporado; bueno, después de unos segundos de desconcierto, llegaron y se colocaron en sus puestos. Detrás de Judith, respetando escrupulosamente su turno, estaba situado Francisco. Primero pasamos por la puerta sur de la Iglesia, para tomar la calle de su mismo nombre. Llegamos a la plaza de la Constitución (Ayuntamiento). Sara García, su hermana, una de las jóvenes más apasionadas por la fiesta de San Blas (hasta tal punto que todos los años [que persone si lo digo] llora cuando metemos a San Blas después de terminar la procesión) se hizo una foto bailando en la cabeza con su hermana Judith. Bajamos por la calle empedrada, tomamos la calle Huertas para llegar a la calle Medina y dar la vuelta terminando frente a las puertas de la casa de Castor y Sara, donde pudimos degustar un estupendo convite.

En este lugar, cuando el personal estaba degustando su merecido bollo y su copichuela; de repente, se oye un tumulto, veo a la gente arremolinada entorno a algo que en ese momento no podíamos ver. Me acerco por curiosidad, cámara en mano, a ver lo que sucedía. Y lo que veo es un grupo de amigos, muy puestos ellos, escenificando la atención de urgencia en un accidente a un herido: Raúl (El Mazi), ejerciendo de médico, prestaba los primeros auxilios, acompañado de nutrido grupo de asistentes y curiosos que presenciaban la escena.

 

 
Francisco Jimeno. /BC  

En cabeza Francisco Jimeno

A las 11 de la mañana, con la concentración en calle Huertas, la Conga de 2010 está dando sus últimos pasos. Antes de iniciar el tramo final, dedicamos un tiempo a bailar un par de piezas, un poco apretujados pues estábamos en un lugar estrecho de la calle. Allí mismo, y con el último quinto a la cabeza de la Conga, Francisco Jimeno, llegamos a la calle Medina. Para hacer más tiempo, pues el trayecto hasta la casa de los padres de Kico era muy corto, subimos de nuevo por la de la Iglesia, La calle Empedrada, de nuevo por la de Medina, Plaza del Sol, para terminar a la puerta de la casa de Francisco Jimeno y Marisol, donde pudimos degustar el estupendo convite que allí tenían dispuesto. Con cierta tristeza, ante la evidencia que la conga del año 2010 estaba llegando a su final, los directores y los quintos intentaron estirar, alargar el tiempo de su marcha, pues se les hacía corto el tiempo transcurrido. Pero a esas horas ya se había hecho tarde, pues con siete quintas/os hay que afinar en la utilización del tiempo del trayecto para cumplir con el horario y terminar justo para que la gente pueda ir a sus casas a ponerse los majos para asistir a la misa y procesión.

De todas formas antes de retirarse la gente a sus casas todavía pudimos asistir al curioso espectáculo montado por El Mazi y sus asistentes. También pudimos ver la entrañable imagen, que no por repetirse todos los años en este acontecimiento, deja de producirnos cierta emoción, bailando a Francisco (Kico) con su madre Marisol. Una vez finalizada la Conga los bailes todavía quedaron en la plaza un grupo de rezagados tomando los últimos bollos y apurando la copa que tenían entre las manos.

 

 
Bar de la señora Geña. /EE  

Un lugar entrañable

Estábamos ante las puertas de la casa del antiguo Bar de la señora Eugenia ("Geña"), un lugar en su día entrañable, emblemático en la historia local lúdico festiva, más reciente de nuestro pueblo. No pude evitar que la nostalgia invadiera mi recuerdo con escenas de mi niñez y juventud relacionadas con este local. Allí, a través de ventana, yo, por primera vez, veía la televisión en blanco y negro. Series muy populares en aquellos, como Bonanza o Rin tintín, etc. Primero la televisión la tuvo instalada en el pajar anexo al bar, donde hoy tiene la casa esta señora. Allí también tuvo colocado un futbolín, con el que lo jóvenes de aquella época pasábamos jugando tardes enteras. En los primeros tiempos para ver la televisión había que pagar una cuota mensual –si no recuerdo mal, una peseta- Recuerdo, también, las tardes de corridas de toros televisadas, que tanto éxito de audiencia tuvieron en esos años. Había tanta afición que las tardes de corridas televisadas dejaba la gente de trabajar en el campo para ver la corrida, el pueblo se paralizaba para ver esa retransmisión. Había algunas veces que la luz se marchaba de repente y se fastidiaba la corrida de toros en plena faena, se pueden imaginar el cabreo que cogía la gente. Pero el apagón no era fortuito ni ocasional, era provocado –según cuentan las leyendas locales- por algún que otro mozo o joven al que no dejaban entrar a ver las corridas y para mostrar su descontento, o para hacer una trastada, provocaban el fundido de los "plomos" con el sencillo acto de mover los palos de la luz, lo que provocaba que se juntaran los cordones, produciendo un corto circuito y el apagón seguro; consecuencia: durante unos minutos la corrida se dejaba de ver, con el correspondiente mosqueo general de la clientela que esa tarde asistía con entusiasmo al evento.

 
  Bar de la señora Geña. /EE

A sus puertas viví un momento decisivo de mi vida. Cuando tenía ocho años, Eugenia (Geña) me sacó de debajo de las ruedas de un camión, librándome de un atropello, que de no haberme arrastrado, seguro, que habría tenido funestas consecuencias para mí. Todo sucedió cuando un grupo de chavales (haciendo de las nuestras, como es lógico a esa edad) estábamos “ciegos” recogiendo unos caramelos (en aquella época un dulce muy cotizado) que había caído al suelo el conductor del camión en estado ebrio, cuando subía a la cabina a trompicones.

En ese mismo lugar, hoy convertido en vivienda residencial, ante sus puertas o en su interior, varias generaciones de Bercialeños (desde que le abriera por primera vez Eugenia González, y pasando por seis propietario más que han regentado este Bar en los casi cincuenta años) se han celebrado las fiestas de San Blas, cenas de quintos; fiesta de verano; se han jugado miles de partidas de cartas: al Mús, El Tute, La Brisca. y se han corrido centenares de juergas. El Bar también ha sido testigo de noches interminables de fiestas (cuando el Bar estaba regentado por Ventura Díaz), sobre todo en los meses de verano, noches en las que se vaciaban cubos de Whisky Dick con Coca-Cola. En fin, esta es una pequeña pincelada histórica de las actividades realizadas y relacionadas con este local y la calle donde está situado, que algún día, convertiremos en un capítulo sobre la historia lúdico-festiva de nuestro pueblo, para enmarcarla en su historia general.

 

DATOS DEL REPORTAJE

Formato: Microsoft Office PowerPoint 2003

DURACIÓN: 32 m.

ESPACIO: 177 Mb

DIAPOSITIVAS:277

NOTA: Bajar al disco duro y visionar

 

 

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